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El Gran Colisionador de Hadrones (CERN), enclavado en Suiza, es un esfuerzo de muchos países. En él los físicos tratan de desentrañar los secretos de las leyes que gobiernan el universo y para ello se ayudan de este gigantesco aparato para acelerar partículas subatómicas y hacerlas chocar contra otras para ver qué ocurre.

Debido a la naturaleza del problema a resolver, en ocasiones hay que usar muy altas energías para hacer chocar las partículas y ver qué ocurre. Entonces los físicos escudriñan los restos de tales colisiones para investigar qué partículas se crearon, cuáles desaparecieron, vamos, qué fue lo que pasó.

En el CERN hoy en día hay unos 40 científicos mexicanos y la contribución de ellos en entender cómo la Naturaleza funciona parece ser importante. Los mexicanos han ayudado a detectar de forma más sencilla y certera lo que pudo haber pasado en los primeros instantes del la creación del universo mismo, es decir, prácticamente a nada del Big Bang.

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La contribución de los científicos mexicanos se realizó en el experimento ALICE, que es uno de los detectores del colisionador, compuesto de 19 dispositivos, 3 de ellos diseño de los propios mexicanos así como responsables de su operación.

ALICE se usa para recrear algo que se conoce como un plasma llamado quark-gluón, el cual ocurre a partir de la colisión de iones de plomo. Este plasma, dicen los científicos, es la forma en la que se encontraba el universo unos 10 microsegundos después del Big Bang.

Hay que decir que todo esto es en alguna medida una especulación educada, es decir, una idea basada en lo que se conoce porque desde luego, nadie estuvo presente cuando ocurrió el Big Bang. Pero así como los investigadores de un crimen reproducen las escenas para discernir quién es el asesino, los científicos hacen desde su trinchera algo parecido.

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Uno de los dispositivos creados por los mexicanos, el “V0”, fue decisivo en la detección del mencionado plasma, el cual ahora puede recrearse de una manera más sencilla y con más posibilidades de ser investigado a partir de la colisión de protones.

El físico Gerardo Herrera, Secretario Académico del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (Cinvestav), dijo en la conferencia de prensa:

“(Esto nos da) la posibilidad de estudiar las propiedades del plasma de quarks y glúones, que es donde está la clave”.

Y añade que la detección ayudará a comprender de mejor manera el universo temprano y así como ocurrió con el descubrimiento de los electrones, eventualmente trascenderá de las ciencias básicas a las aplicaciones. Por su parte, Ildelfonso León, investigador de física del Cinvestav, comentó:

Las imprecisiones (en colisiones) de iones de plomo son muy grandes comparadas con las colisiones protón-protón, (donde) tienes mucho más conocimiento de lo que ocurre”.

Los trabajos realizados en ALICE se llevan a cabo a través de una colaboración interinstitucional entre el Cinvestav, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y los Institutos de Ciencias Nucleares y de Física de la UNAM. Los resultados se presentaron en la revista Nature.

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