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Yo supondría que el correo no deseado, el spam, tendría que haber disminuido ya a estas alturas del cómputo y de la tecnología que vivimos. La razón me parecía obvia, por una parte, los clientes de correo son cada vez más sofisticados y ya filtran muchos mensajes que son sin duda spam. Por otra parte, ya la gente está más educada en el tema, o al menos suponía eso yo, y entonces eliminaría de inmediato, sin siquiera abrir esos mensajes por mera curiosidad. Lo interesante es que el correo chatarra sigue llegando por montones. Deshabilité los filtros para ver qué clase de correos basura me llegaban y en un día típico uno puede tener unos 200 mensajes o más, con el 95% al menos de spam puro.

Pero ¿en qué piensa el spammer cuando manda correos así? Primero en que tiene que poner en el título de su mensaje algo que llame la atención y apele al menos a la curiosidad del receptor a abrir el mensaje. Y encuentro que la mayoría de los mensajes actuales de spam que recibo ponen en su título que ya Google, Facebook o Yahoo, me han aceptado para trabajar con ellos, por unos 90 mil dólares al año. Claramente esto es mentira y si nos atrevemos a seguir el enlace que se nos indica, es probable que acabemos en un sitio donde venden medicinas como el viagra por correo. No hay de hecho ser muy inteligente para saber que Google, Yahoo o Facebook no pueden tener en sus planes contratarme cuando ni siquiera he pedido trabajar con ellos. Pero eso no les importa. Los spammers mienten sin ningún remordimiento.

Una vez que ya el spammer tiene el título de su correo, pondrá un texto lleno de enlaces sugestivos. Uno de ellos, el enlace para aceptar la contratación de Yahoo, Google o Facebook, o bien, en algunos casos, el mensaje de spam me ofrece el último iPhone o el Samsung Galaxy quién sabe qué versión de manera gratuita. Pero bueno, hay que ser muy ingenuos para pensar que hay algo gratis en este mundo. Aún así, mucha gente sigue dando click a estos mensajes en sus vanas esperanzas de hacerse de ese oscuro objeto del deseo que es un iPad o un iPhone.

Curiosamente, hay más tipos de correo spam. En ellos se nos advierte que hay información de nosotros en la red que nos deja mal parados, en una mala situación, ¡hay alguien que públicamente habla mal de mí! Por supuesto que esto es falso porque los spammers les mandan a millones de personas el mismo mensaje. El punto es que el spammer piensa que ya gana algo si el receptor abre al menos su mensaje. Por cierto, en un afán de evitar los filtros, algunos mensajes chatarra contienen un par de párrafos con un conjunto de palabras  de diversos temas y con ello, impedir que los filtros bayesianos bloqueén este tipo de mensajes.

Un correo chatarra que se sigue repitiendo es la carta de una señora que vive en África y que se muere, pero que vio nuestro correo y nos deja chorrocientos mil millones de panchólares. Por supuesto que esto es otra versión del penoso fraude nigeriano, que quiero creer ya nadie en su sano juicio puede creer. Pero la verdad no sé, a lo mejor estoy sobreestimando a la raza humana.

Pero todo esto me parece francamente idiota. Porque miren: me llega un mensaje de spam y me doy cuenta (al abrirlo) que sí lo es. Lo borro y punto. ¿Es que acaso hay estadísticas fíables que indiquen que un mensaje chatarra, al ser abierto, tiene más posibilidades de vendernos algo? Yo francamente dudo que existan siquiera este tipo de estadísticas.

Como sea, el spam parece que se quedará por el resto del Internet y de los siglos. Los mercachifles en todos los años y en cualquier país, suelen tener una nula ética o al menos -en su mayoría- esta ética simplemente no funciona como los seres humanos pensamos. Yo creo que esa idea de que se pueden seguir vendiendo cosas mandando correo spam es cada vez más obsoleta. Cuando los spammers se den cuenta que ya no venden, buscarán otra alternativa y dejarán de molestarnos con este tipo de correos que satura la red de redes y que la mayoría de las veces termina en la papelera de los usuarios. Mientras tanto, estos spammers buscarán entender cuáles son las necesidades primigenias de quien está en Internet: un nuevo teléfono inteligente, una tablet más poderosa que ninguna, un trabajo de ensueño en las empresas de tecnología más famosas o bien, esa necesidad única del ser humano de cerrar toda el razonamiento cuando un extraño les ofrece no sé cuantos millones de euros o dólares y además, creerles que puede ser verdad.

Desde la Red…
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