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Hasta hoy, no existe un medio masivo de comunicación más importante que la televisión. Es la tecnología de consumo masivo con mayor penetración en el mundo (alcanza cifras por encima del 90% de la población) e incluso, dejando fuera a las comunidades autóctonas de la selva o el desierto y a los “alternativos“ que no quieren una de estas cajas chicas en sus hogares, es sencillo encontrar un televisor con contenidos prácticamente en toda la orbe.

Ahora bien, existen varios tipos de señales televisivas que dependen de la tecnología que usan para su difusión. Por un lado, la señal de televisión abierta puede verse en cualquier lugar donde exista la cobertura y se tenga un televisor habilitado, ya sea por antena o decodificador, para recibir la señal sin pagar un centavo por el servicio. Los canales abiertos viajan por el espectro radioeléctrico y en México, necesitan de una concesión del gobierno para explotar el espectro asignado para distribuir sus señales.

Por otra parte, se encuentra la señal de televisión restringida o de paga, un servicio que venden las empresas de telecomunicaciones para ofrecer una mayor gama de contenidos televisivos a los usuarios que lo contraten. En el pasado, la provisión de este servicio podía ser por medio de cable (literalmente tendiendo un cable coaxial o de fibra óptica de la central de la empresa a tu televisor); por señal satelital (utilizando uno o varios satélites para enviar la señal a un receptor que colocan estas empresas en el techo de tu hogar o empresa) o por medio de señal de microondas (una tecnología explotada en el pasado sin mucha adopción actual en México).

Sin embargo, esta forma de contratación de contenidos televisivos se ha visto transformada por la convergencia tecnológica, es decir, la digitalización de cualquier servicio de telecomunicaciones o radiodifusión, ya todo son ceros y unos que pueden viajar por cualquier forma antes descrita: espectro radioeléctrico, cables coaxiales, fibra óptica, satélites y microondas. La digitalización ha logrado eficientar la transmisión de contenidos utilizando una menor cantidad del insumo (digase espectro, satélites, etc) y aumentado su calidad a lo que comercialmente se le denomina alta definición o HD (high-definition).

Gracias a esto, ya es posible ver contenidos televisivos desde nuestras computadoras, tabletas y teléfonos inteligentes con una simple conexión a Internet. También puedes consumir videos, programas y películas “on-demand“, cuando quieras, con dispositivos como los DVRs, Apple TV y con aplicaciones como Youtube, Netflix y Vudu por mencionar algunas.

Por lo anterior, la competencia en cuanto a contenidos audiovisuales se ha intensificado para la población conectada a una verdadera velocidad de banda ancha. La mala noticia es que en México, los usuarios de Internet de banda ancha aún no alcanzan ni la mitad de la población, y el sustituto más cercano para asegurar una pluralidad de contenidos es la televisión restringida con una penetración alrededor de la mitad de los hogares (Cifras oficiales en COFETEL).

Así, la señal de televisión abierta sigue teniendo la tasa más alta de penetración en México, con 94.9% de los hogares según el INEGI en 2012, y cobra vital importancia en la difusión masiva de información en el país. Por eso debe analizarse con mayor detenimiento la regulación a la televisión además de que se debe impulsar una política de adopción masiva de Internet que logre equilibrar el peso comunicativo de la televisión abierta nacional. Entraremos a mayor detalle la próxima semana pero antes los invito a comentar, ¿para qué debería utilizarse el medio masivo de comunicación con mayor adopción? Y, ¿cómo fomentar la competencia en contenidos audiovisuales en un mercado con estas nuevas características?

Referencias: INEGI, COFETEL

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