No hay duda que Facebook o Twitter son parte integral de muchas personas que usan Internet. Ahí los usuarios encuentran a amigos y familiares, comparten gustos o bien se involucran en discusiones sobre los temas más diversos.

La posibilidad de buscar a otros usuarios se ha convertido en una posibilidad interesante para contactar a gente que tiene nuestros mismos intereses o bien, trabajan en áreas que nos son conocidas. Digamos pues que esos son muchos de los atributos y ventajas de estar en las redes sociales.

Pero ¿hay desventajas? Las hay, sin duda. Por ejemplo, el tiempo que se pierde navegando en las redes sociales es un tema ya actualmente, sobre todo porque no es necesario tener una computadora sino que desde el teléfono podemos acceder sin problemas. Y tal vez esto haga que nos retrasemos en nuestros trabajos y tareas. No es secreto para nadie que hay mucha gente que pierde medio día viendo lo que otros publican en Facebook.

Pero una desventaja que tal vez no hayamos notado es cuando las redes sociales trabajan en contra de sus propios usuarios ante las oportunidades de trabajo. A lo que me refiero es que la gente es capaz de subir fotografías de la última fiesta en la que estuvo o bien, imágenes de tono subido (que muchas veces Facebook termina por bloquear), o incluso textos específicamente en contra de algún grupo social o una persona en particular. Nuestras redes sociales nos muestran cómo somos, es decir, son un espejo fiel de lo que pensamos en la mayoría de los casos.

Por ejemplo, conozco el caso de un amigo que desde el balcón de su departamento le tomaba fotos a un vecino que estaba en otro edificio y que para mi amigo, el tipo aquel era vulgar, despreciable, etcétera. Quizás en algún momento lo hizo sólo por hacer algo, pero de pronto ya era una de sus ocupaciones cotidianas en mostrar los ridículos que hacía dicha persona en el balcón de su propio edificio.

Tal vez esto no habría pasado de un divertimento que eventualmente mi amigo olvidaría pero he aquí que buscaba trabajo y en alguna de las entrevistas que tuvo, alguien había buscado las publicaciones de mi amigo, candidato a un trabajo, en las redes sociales. Y quizá esto no le gustó nada al entrevistador.

El resultado para conseguir trabajo resultó entonces mal. Las redes sociales le jugaron una mala pasada a mi amigo y no consiguió el trabajo. Porque sí, quizá “ventanear” a una persona con ciertos comportamientos en el balcón de su propia casa no sea nada extraordinariamente de mal gusto o algo que deba castigarse, pero para quien entrevistaba al candidato no le fue una diversión inocente.

Y entonces, con este solo ejemplo es para pensarse si no debiésemos hacer un alto y salirnos de las redes sociales. La idea de que publicamos algo en las mismas no parece ser muy grave, pero que quede claro y para decirlo pronto “Internet no olvida” y al final del día a través de estas “pruebas” podemos conocer a las personas en las mismas redes sociales, sin siquiera tener que hablar con ellas.

Por ello es posible que, dependiendo de las circunstancias, habría que ponderar si vale la pena seguir en las redes sociales. ¿Son de verdad importantes? ¿No son una necesidad creada de la cual simplemente no nos deshacemos porque no entendemos qué haríamos sin tener acceso a las mismas? A mí me parece que hay que analizar (y analizarse) a detalle el uso y las ventajas y desventajas de estas nuevas tecnologías para así sacar lo mejor de las mismas. ¿O estoy equivocado?

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