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shutterstock_123818677Bien dicen por ahí que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” y justamente eso me pasó hace unos días. Una gripa mal atendida me causó una infección en la garganta días antes de mi cumpleaños —donde pretendía cantar karaoke a todo pulmón y beber para celebrar la vida—, pero acabé con antibióticos inyectados, tomados y haciendo playback hasta ver cómo, poco a poco, perdía la voz sin poder hacer nada.

#yoconfieso que perder la voz era algo que deseaba en la adolescencia para faltar a clases y “hablar sexy” como Pau Rubio, algo que podía serme útil o indiferente cuando no vivía de eso, cuando no me había convertido en el periquito que soy ahora y cuando no estaba malacostumbrada a mandar mensajes de voz en vez de teclear o pedirle apoyo a Siri.

Estuve una semana afónica, una de las experiencias más desagradables que me han tocado pues la doctora mandó silencio total. Falté varios días a mi trabajo, estaba aislada, no me podía comunicar verbalmente con nadie y aunque me di a la tarea de investigar herramientas para traducir texto a voz —y todo el tiempo pensaba en lo difícil que ha de ser para Stephen Hawking comunicarse con un dedo—, descubrí que no hay nada como hablar.

De entrada, tenía que encontrar una aplicación móvil que estuviera en español, que no fuera un fraude, que fuera gratuita (o que tuviera grandes ventajas si iba a pagar por ella) y que su voz no sonara robótica. Encontré varias opciones con estas características como: iSpeech TTS (Android, iOS), Speak For Me y Text to Speech  (iOS) y la página naturalreaders que si bien me ayudaron en algún momento y funcionan bien (no ha de ser nada simple traducir e texto a audio), no servían para “reemplazar mi voz”.

Por un lado, tenía que controlar la velocidad de las palabras y por otro, no podía escribir muchas palabras (máximo como dos tuits). Así que mis dedos se cansaban de textear y la gente se desesperaba en lo que me esperaba o no entendía lo que decía la “voz española” o tenía que esperar a que acabara el texto completo para volver a reproducir el audio. Al final, me frustré tanto que mejor opté por estar callada y ver películas espaciales.

Llevo una semana con voz y meditando el asunto, creo que con un poco de práctica y paciencia hubiera liado mejor la situación. Sin duda, me da gusto que existan este tipo de aplicaciones que son una puerta  de comunicación para la gente que no tiene voz o para los que alguna vez, como yo, quedaron afónicos y no precisamente por tomarlas “bien frías”.

 

Foto: shutterstock.com/Copyright: Maridav

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