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Piratería musical y los nuevos modelos exitosos

La digitalización de los contenidos y su duplicación en una copia prácticamente gratuita ha abonado a un tema que lleva más de tres siglos: la violación de los derechos de autor, mejor conocida como piratería. Esta conducta es perjudicial para los creadores y artistas debido a que terceras personas se apropian de los beneficios que no existirían sin los primeros.

En un extremo del abanico de posibilidades, el que los artistas no reciban ni un centavo por sus obras, se traduciría en que se dediquen a otra actividad para cubrir sus gastos y se desincentive la cultura en esa sociedad. El otro extremo, sería que el artista se quedara con todos los beneficios de su obra y que la creatividad, al ser un diferenciador  único, se convertiría en un monopolio que proveería de una menor cantidad de obras a un precio mucho más alto, lo que convertiría a la cultura en un bien exclusivo y de lujo. La consecuencia en ambos casos sería desastrosa para los amantes del arte ya que la cantidad de obras sería mucho menor. Por supuesto, cabe el escenario en el que algunas obras sean percibidas como sustitutas y se incremente la competencia artística con los beneficios que esto conlleva.

Pero regresando al tema digital, mucho se ha escrito sobre el impacto de las nuevas tecnologías en los modelos de negocio tradicionales al rebalancear el poder de negociación entre los principales eslabones de la cadena de valor: el productor, el promotor y los medios masivos de comunicación, el intermediario o distribuidor y el consumidor final.

Es cierto que las ventas de discos físicos se han desplomado en los últimos años, pero también las ventas digitales tienen crecimientos exponenciales aunque aún no de la misma magnitud. Cualquier mercado concentrado con poder monopólico al incrementar la competencia -léase nuevos medios digitales para la promoción, descarga y venta de contenidos- se traducirá en una pérdida para el oferente principal.

Sin embargo, donde las grandes disqueras han combatido contra sus mismos clientes otros han visto áreas de oportunidad.

Este es el caso de Iron Maiden, la banda británica de metal, la cual ha logrado incluir en su modelo de negocio de manera redituable a los usuarios que descargan su música de manera ilegal. Decidieron que en vez de enviar a sus abogados a los países que más piratean su música, la mejor idea fue mandar a la misma banda para hacer conciertos y vender su mercancía oficial.

En la bolsa de valores inglesa, London Stock Exchange, la compañía Iron Maiden LLP fue una de las 6 empresas musicales que tuvieron un desempeño sobresaliente entre las dedicadas al mismo segmento. Su estrategia fue sencilla, de acuerdo a la empresa de análisis de datos Musicmetric, la cual realizó un estudio geográfico sobre tráfico, conversaciones en redes sociales, streaming legal y descargas ilegales de canciones de la banda, éstas coincidieron con las ciudades de Latinoamérica donde la banda realizó extensas giras e, incluso, filmó su documental llamado ‘Flight 666’. Con ello, transformó a los fans que consumían productos ilegales en consumidores legales de conciertos y mercancía oficial.

El director general de Musicmetric, Gregory Mead, declaró a CITEworld que “si te involucras con los fans, existe la oportunidad de convertir un porcentaje en clientes que paguen”. Lo anterior es en mi opinión una estrategia más interesante que la utilizada por Metallica al demandar a sus propios fans por descargar ilegalmente sus contenidos.

Referencia: CITEworld

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