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Este año ha sido de renovarse en tecnología. De teléfonos inteligentes ya tenemos más de la cuenta. Los hay para todos los nichos de mercado. Los más poderosos cuestan una pequeña fortuna en nuestro país y siguen siendo, en muchos casos, un objeto que a mucha gente le parece que le da cierta categoría o status. Se nos ha olvidado que al final del día son teléfonos, y en el mejor de los casos, asistentes personales, (como lo fue la venerable Palm), nada más que con las funciones de podernos comunicar, no solamente vía voz sino también con datos.

Pero he aquí que los nuevos gadgets parecen ser los relojes inteligentes. Aquí el reto tecnológico tiene un montón de limitaciones, empezando por la pantalla, que finalmente no puede ser muy grande y es más, no puede crecer unos milímetros de generación en generación, pues se supone que el reloj es de pulsera y no un dispositivo como unh teléfono inteligente o incluso una phablet. Y el tamaño aquí sí importa, porque hay que poner toda una pequeña computadora en una pantallita de 1.3 pulgadas, aproximadamente. Tampoco puede ser muy voluminoso porque no se trata de llevar en la muñeca algo gigantesco y por si fuera poco, no debe pesar demasiado. Como puede verse, si en los teléfonos  toman en cuenta en ocasionesa estas características, en los relojes inteligentes se convierten en prácticamente obligaciones tecnológicas.

¿Y qué se puede entonces esperar de un reloj inteligente? ¿Será que queremos hablar como Dick Tracy? ¿O quizás tener notificaciones de gente que nos manda mensajes, o de la actividad que hay en la red social? ¿O quizás estamos esperando que el reloj nos avise que tenemos correo nuevo? Esteee… ¿No hacen estos ya los teléfonos actuales? ¿Qué más pueden hacer estos dispositivos? ¿Jugar con ellos? No parece muy razonable considerando que se tiene una pantalla muy limitada y el procesador que usen estos relojes, probablemente, no pueda ser demasiado poderoso.

De hecho, en este último rubro una curiosa solución ha surgido: Algunos teléfonos celulares se sincronizan con el reloj inteligente, de manera que todo el proceso fuerte se hace en el teléfono y se transmite vía inalámbrica (vía bluetooth), al reloj. Y esta solución se basa en que el reloj inteligente no hará que los usuarios no usen más sus teléfonos celulares. Por muchísimas razones (por ejemplo, capacidad para tener mucha información en pantalla, apps, etcétera), el teléfono inteligente llegó para quedarse. Si esto es así, ¿para qué quiero un nuevo dispositivo en la muñeca si éste es solamente una especie de terminal tonta del teléfono?

Y que conste, no he hablado de la batería, del tiempo de vida útil de un reloj inteligente que requiere probablemente ser cargado cada día, pues la batería del mismo resulta insuficiente para el sinfín de cosas que tiene que mostrarnos en la pantalla. Eso es quizás el peor cuello de botella de esta tecnología y de hecho, se han realizado muchísimos esfuerzos para que los teléfonos y tablets tengan más autonomía en lo que se refiere a batería. El reloj inteligente tiene, al menos en el momento actual, un problema serio en este sentido.

Los relojes inteligentes serán una moda que se acentuará por algunas razones: la época navideña, el ruido mediático que han logrado, el hecho de que son novedosos y probablemente más de uno lo quiera tener ya, etcétera, Pero que se vuelvan populares y cotidianos como el teléfono celular, me parece que es algo que nunca veremos.

Desde la Red…
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