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Si usted ha viajado alguna vez en avión, habrá escuchado la advertencia de apagar todos sus aparatos electrónicos móviles, tablets, teléfonos, computadoras, pues bien podrían afectar el funcionamiento de la nave. Pero… ¿es cierto esto? Porque miren ustedes, si a alguien se le olvida apagar sus dispositivos (sin querer), ¿pondría a toda la tripulación en riesgo?

En Estados Unidos, el año pasado, volar con teléfonos y otros dispositivos, se convirtió en algo cada vez más peligroso. En septiembre, un pasajero fue arrestado en El Paso después de negarse a apagar su teléfono celular cuando el avión aterrizaba. En octubre, un hombre en Chicago fue arrestado porque usó su iPad cuando el avión estaba despegando. En noviembre, media docena de autos de la policía rodearon un avión en el aeropuerto La Guardia, en Nueva York, como si hubiesen terroristas a bordo. Al final de cuentas arrestaron a un hombre de 30 años que se negó a apagar su teléfono cuando el avión estaba a punto de despegar.

¿A quién culpar de estos episodios? No se le puede echar la culpa solamente a los pasajeros. Alguna responsabilidad debe recaer en la Administración de la Aviación Federal, por mantener una regla basada en una idea no demostrada de que un teléfono o una tablet puede interferir con la operación de un avión.

Estos conflictos llevan más tiempo, en el 2010, un hombre de 68 años golpeó a un quinceañero en el avión por no apagar su celular. El Teniente Kent Lipple, de la policía de Idaho, quien arrestó al golpeador, dijo que el hombre “sentía que estaba protegiendo a todo el avión y a sus ocupantes”. Y no olvidemos al actor Alec Baldwin, quien fue bajado de un avión de American Airlines en el 2011 por jugar un juego en línea mientras el avión estaba en su puesto de salida.

Lidiar con la Administración de Aeronáutica (FAA) parece ser igual que discutir con un joven terco. La agencia no tiene prueba alguna de que los dispositivos electrónicos dañen o alteren el manejo de un avión, o sus comunicaciones, pero todavía perpetúa esto, causando un terror irracional en millones de pasajeros.

Hace un año, cuando se le preguntó al vocero de la FAA, Les Dorr, por qué existía esa regla, contestó que la agencia estaba siendo cauta porque no había prueba de que los dispositivos fuesen completamente seguros. Dijo también que esto es porque los pasajeros necesitan prestar atención a lo que pasa antes de despegar, a las indicaciones que se dan. Cuando entonces se le preguntó por qué puedo leer un libro impreso pero no uno digital, la FAA cambió su razonamiento. Otro funcionario de la FAA dijo que era porque un iPad o Kindle podrían poner suficientes emisiones electromagnéticas para alterar los instrumentos de la nave. Sin embargo, un par de semanas después, la FAA anunciaba orgullosa que los pilotos podrían usar ahora iPads en la cabina en lugar de los manuales de vuelo en papel.

Pero por no ceder, parecen hallar más argumentos. La FAA dice que “dos iPads son muy diferente a 200”, pero expertos del EMT Labs, una empresa independiente de pruebas en Mountain View, California, dice que no hay diferencia en las salidas de radio entre dos iPads y 200: “la energía electromagnética no se suma así, no es lineal”, dice Kevin Bothmann, gerente de este sitio de pruebas.

En octubre pasado, debido a la presión pública, la FAA dijo que finalmente empezaría a revisar sus políticas sobre el uso de dispositivos electrónicos en todas las fases del vuelo, incluyendo despegue y aterrizaje. Pero la agencia no ha dado fechas sobre cuándo concluirá su estudio y qué hará al respecto. Quizás la FAA debiese checar el reporta anual de la NASA sobre incidentes con dispositivos electrónicos en aeronaves. No hay un solo episodio en donde se haya producido evidencia de que un dispositivo electrónico puede interferir con la nave y ha sido una especulación de los pilotos sobre las causas de algún problema suscitado.

El pasado mes de diciembre, Julius Genachowski, presidente de la FCC (Federal Communications Commission), mandó una carta a la FAA diciéndole que tenían la responsabilidad de “dar más disponibilidad al uso de tablets, lectores electrónicos y otros dispositivos portátiles, durante los vuelos, pues hay que hacer crecer la competitividad de los negocios grandes y pequeños en estas economía que cambia tan rápidamente”. Una semana después, la senadora norteamericana Claire McCaskill también mandó una carta a la FAA haciendo notar que el público estaba siendo cada vez más escéptico sobre estas prohibiciones.

El problema es que los incidentes en un avión por usar dispositivos electrónicos podrían deberse no a interferencias en el avión, sino a las acciones de uno o más pasajeros que atacaran a algún otro por no apagar su dispositivo electrónico cuando supuestamente está prohibido, aunque éste produzca menos emisiones electromagnéticas que una calculadora.

Y hay algo más que podría demostrar que la prohibición no tiene sentido: si hubiese posibilidad de alterar el manejo de un avión por causas atribuíbles a un dispositivo móvil, ya los terroristas habrían hallado la forma de hacer esto. ¿O no?

Referencias:

NY Times

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