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ANSIEDAD DE SMARTPHONES

Los mensajes de texto son simplemente una herramienta para la comunicación humana. El problema es que en un estado de hiperconectividad en el que constantemente volteamos a ver nuestro smartphone, la herramienta puede ser usada de forma incorrecta al punto en el que causa ansiedad. ¿Quién no se ha quedado despierto esperando un mensaje? ¿Quién no ha sentido una irracional preocupación si no responden a sus mensajes después de varias horas? En general, los mensajes son grandiosos. ¿Pero entonces por qué causan este tipo de sensaciones?

Hay muchas teorías, pero según el creador del famoso “…” en iMessage (que indica que alguien está escribiendo), siempre generamos expectativa sobre lo que vamos a recibir y consecuentemente, siempre nos decepciona la realidad. Elite Daily tiene otra idea: según ellos hay 6 grandes aspectos de la mensajería actual que “están arruinando a la humanidad psicológicamente”.

La verdad es quizás mucho más complicada que eso y aunque es poco probable que los mensajes estén arruinando a los humanos, sí han afectado la forma en que interactuamos con otros. Tres grandes razones de las mencionadas por Elite Daily vienen a la mente al pensar en qué es lo que provoca ansiedad al esperar o mandar un mensaje: la atemporalidad de las conversaciones, las notificaciones de “leído” y la falta de comunicación física.

ANSIEDAD IPHONE

1. La conversación no tiene inicio ni final.

Las conversaciones en persona (o incluso por teléfono) tienen un claro inicio y final. Cuando una persona termina de hablar lo dice y casi siempre, se va o cuelga. Cuando enviamos mensajes de texto muchas veces ya ni saludamos. Esto es especialmente cierto cuando hablamos constantemente con una persona específica: alguien manda un mensaje, el otro responde, y el ciclo se mantiene todo el día y todos los días sin un inicio o un final claro.

El problema de esto es que la conversación puede haber terminado para alguien mientras que el otro piensa que no; y esto a su vez provoca que una de las partes se sienta ignorada o “a la espera” de que le contesten. En conversaciones físicas obtenemos respuestas inmediatas, pero en el mundo digital alguien nos puede contestar días después, dejando abierta la conversación, sin ponerle un fin ni darle un nuevo inicio al contestar.

Esperando.

2. La notificación de “visto” o “leído”.

Hoy en día casi todos los servicios de mensajería tienen algún elemento que indica que un mensaje fue visto. Si de por sí esperar un mensaje es estresante, esperarlo y saber que ya lo leyeron es angustiante. Una vez que un mensaje queda marcado como visto hay dos opciones: la persona ya lo vio y va a responder o bien, la persona te está ignorando. Ser ignorados es de lo más terrible que nos puede suceder socialmente, y con las notificaciones de “leído” este sentimiento es recurrente. Y esto también funciona al revez: si ya vimos el mensaje de alguien y lo ignoramos, podemos sentirnos obligados a contestar, o bien, culpables de no hacerlo.

Todos estamos a la disposición de todos en cualquier momento. Y en un sentido muy romántico, se pierde el misterio. Nadie tiene que preguntarse cómo estamos o qué estamos haciendo porque nos pueden mandar un mensaje y ya; todo con la certeza de que en algún punto les vamos a contestar. El problema, y lo que podría generar ansiedad es EN QUÉ MOMENTO vamos a contestar. Hoy en día queremos respuestas inmediatas, y como cada persona responde cuando quiere, eso provoca inquietud.

WAITING FOR BOO

3. La falta de comunicación “física” o no verbal.

Esto es sencillo. Con la falta de comunicación no verbal es fácil caer en malentendidos con los mensajes de texto… y los conflictos resultantes inquietan a la gente. Un buen ejemplo es el sarcasmo: si una persona es súper sarcástica en la vida real, sus intenciones pueden ser interpretadas como groseras a través de un mensaje. Si la comunicación por si misma es complicada, comunicarse sin tener “pistas físicas” de lo que sucede es el doble de difícil.

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Como cualquier herramienta, los mensajes de texto pueden provocar cosas tanto positivas como negativas, y en general, me parece que hay que tener cuidado de no saturarnos con ellos. Es fácil checar el smartphone todo el día, pero quizás no es lo mejor para nuestra salud mental…

 

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