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En una ocasión un amigo mío, que negociaba las condiciones y beneficios para los trabajadores sindicalizados de cierta empresa, me comentaba que necesitaba un programa que le permitiera incluir los posibles beneficios a los trabajadores, de manera tal que quedaran satisfechos con las negociaciones, pero al mismo tiempo, había que ver cómo hacer para que la empresa diese las menos ventajas posibles a los trabajadores.

Capitalismo puro, pues. Así, en las negociaciones entre empresa y sindicato, se les decía a los trabajadores: “Este es su conjunto de beneficios”. Los trabajadores querían más, entonces la empresa decía: “Ok, te doy más beneficio en este rubro pero le bajamos a este otro”. Y después de largas discusiones, se llegaban a acuerdos donde en general la empresa estaba dando menos beneficios que antes, aunque no se veía así. Repito, capitalismo puro.

En los impuestos, las cosas son interesantes porque con base en lo que se gana, se cobran impuestos. Quien gana más pues debería pagar más impuestos y hay, desde luego, cualquier cantidad de argumentos para defender esa postura.

Sin embargo, una idea no explorada quizá lo suficiente es que Hacienda cobrase la misma cantidad a todos en lugar de tener un sistema complejo para cobrar los impuestos.

E imaginen (no se lo digan a nadie, no lo vaya a escuchar el SAT), que Hacienda cobrase un impuesto por respirar. Si quisiera hacer eso como lo hace con el sistema tributario, necesitaría que todos los ciudadanos llevasen un medidor del aire que consumen. Por ejemplo, una persona obesa quizás requiera de respirar más veces por minuto.

No lo sé, pero si Hacienda quisiera cobrar este hipotético impuesto, tendría un problema logístico: darles aparatos medidores a todos, para empezar. Y en el fondo supone cierta justicia que el que consuma más que pague más, pero es muy impráctico. Una mejor idea es cobrar la misma cuota a todos. Eliminamos medidores y sí, puede ser que uno respire más veces que otro, pero en promedio todos pagarían lo mismo.

Y si hablo de esto es porque en Estados Unidos, la empresa de telefonía T-Mobile, ha decidido dar a todos sus clientes un paquete ilimitado de datos. Así, la idea es parecida al ejemplo de los impuestos: que todos paguen igual. Algunos lo usarán más, otros menos, pero en promedio todos pagan lo mismo. Bajo este nuevo plan T-Mobile dará voz, texto y datos ilimitados a velocidad 4G LTE.

T-Mobile decidió cambiar sus tarifa: la primera línea telefónica cuesta 70 dólares por mes. La segunda 50 dólares por mes y líneas adicionales, hasta 8, por 20 dólares al mes cada uno. Estos planes se prepagan. Si se quieren en post-pago scuestan 5 dólares más al mes. Una familia de 4 personas pagaría unos 40 dólares por mes en promedio por persona.

Este tipo de ideas beneficia a quienes estaban suscritos a planes con poca capacidad de datos. Actualmente T-Mobile cobra 50 dólares por 2 GB de datas al mes. Esto significa que en el nuevo plan, pagarán 20 dólares más al mes. Pero el nuevo precio es menor que el costo de datos sin limitaciones hoy día. Actualmente quien quiera datos ilimitados en T-Mobile, tiene que pagar unos 95 dólares por mes por línea individual.

Obviamente la empresa debe haber calculado qué le conviene más porque al final de cuentas la telefonía es un negocio y da la impresión que pasa lo mismo como con el primer ejemplo que puse en este artículo: parece que nos dan más, y puede que sea así, pero lo que es claro es que la empresa no perderá. T-Mobile  busca ganarle terreno a AT&T y a Verizon y esta oferta empujará a que los competidores hagan algo parecido. En este principio son los consumidores los que deberían salir ganando.

El nuevo plan de T-Mobile entra a partir del 6 de septiembre para clientes nuevos. Los clientes actuales bien pueden quedarse con su plan o migrar al nuevo.

Referencias: CNet 

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