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iPad_cinco_anios

Cuando Steve Jobs presentó la primera generación de la tableta iPad el 27 de enero de 2010 en el Yerba Buena Center of Arts de San Francisco, California, muchos criticaron al nuevo producto de Apple, se burlaron de él, dijeron que era como cuatro iPhones pegados y que nadie utilizaría un producto así en la vida diaria.

Hoy, a cinco años de distancia de su primera aparición en público, el uso de tabletas, ya no sólo de iPads, sino de otras marcas, es una constante en oficinas, escuelas, cafés y en prácticamente cualquier lugar que cuente con una conexión a Internet.

Y es que después de Apple, que gozó de las mieles del éxito en solitario durante más de un año, vino una cascada de lanzamientos por parte de otras compañías que vieron cómo se abría un nuevo mercado y quisieron participar en él. Tal como ha ocurrido con otros productos populares hoy en día, esta avalancha de tabletas con las que las marcas bombardearon las tiendas ayudó a que estos gadgets penetraran en el mercado, facilitando su uso y acercándolo a las masas.

Es ahí en donde, a mi parecer, recae la importancia del iPad. La tableta de Apple fue la pionera y la encargada de abrir, o más bien crear, un nuevo mercado que encontró en el segmento de entretenimiento y la educación dos importantes espacios que, poco a poco, han ido explotando las características técnicas y de uso de las tabletas, más allá de si tienen su origen en Cupertino, Japón, Mountain View o Corea del Sur.

Hoy en día resulta común ver cómo las tabletas han sustituido en muchos sentidos a las computadoras; por ejemplo, en el ámbito académico, ya se a la hora de utilizarlas en clase como apoyo adicional, a la hora de hacer tareas o en las mismas clases de computación. Es cierto que el factor económico es un punto a considerar, pero incluso el gobierno se ha dado a la tarea de cambiar su entrega de computadoras para los alumnos de 5° y 6° de primaria por tablets ante sus múltiples ventajas.

Sean partidarios o no de la marca de la “manzanita”, hay que reconocer que el tiempo se ha encargado de darle la razón a Steve Jobs y a Apple sobre la utilidad de un dispositivo como una tableta electrónica cinco años después de su presentación. El mercado la ha aceptado en su totalidad y cada vez se explotan más sus características para distintos fines, por lo que, aunque muchos lo pensaban, las tabletas no pasarán a la historia como una moda pasajera.

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