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La computadora, quizás desde sus inicios, no solamente ha sido un instrumento para la ciencia, sino que el entretenimiento ha estado siempre presente. Desde el “pong” en adelante, los juegos de computadora han sido parte importante de quienes usan computadoras y finalmente, con la llegada de las consolas para jugar (empezando tal vez por la que Atari sacó al mercado con gran éxito), las máquinas para jugar (que son computadoras de uso específico), se han especializado en las gráficas, en las animaciones, en las resoluciones cada vez más refinadas que dan, desde luego, muchas veces más realismo a los juegos.

Sin embargo, no se necesita programar juegos hiperrealistas para tener éxito. Pensemos en Angry Birds, que parece ser, ya ha menguado en popularidad, pero que por un par de años todo el mundo estuvo jugando. Qué decir del Pac-man original o de un sinfín de juegos que en su momento volvieron adictos a la diversión cibernética a más de uno.

Hoy en día se habla de Candy Crush, un juego en el cual hoy en día parece tener más de 600 millones de sesiones activas por día y solamente hablamos de los dispositivos móviles. En Facebook el juego se inició en abril del 2012 y se convirtió en el cuarto juego más popular de la red social hasta que llegó a iOS y Android a fines de noviembre del año pasado. La versión móvil abrió las puertas a muchas personas que empezaron a jugar sin tener que conectarse a través de Facebook.

El juego engancha literalmente. Muchos jugadores lo consideran “adictivo”. Al igual que 132 millones de usuarios, quienes se involucran en este juego piensan que es como un nuevo hobby y algunos lo describen como más productivo que ver televisión. Mucha gente juega por día de 30 minutos a una hora y no parecen tener planeado dejar de jugar, a menos que no puedan batir el nivel propuesto.

Para quien no haya jugado Candy Crush, es un juego parecido a Bejeweled (al cual soy relativamente adicto, confieso), en donde hay que poner tres dulces en línea y hacer puntos para completar un nivel. Cada nivel es parte de un episodio y viene con un reto particular, por ejemplo, hacerse de todos los ingredientes de los dulces. Los jugadores pueden combinar los dulces normales con aquellos especiales, dulces envueltos, con rayas en su cuerpo, o coloridos como arco iris para ampliar sus movimientos. No pasar un nivel es perder una vida y se tienen hasta 5 vidas. En caso de quedarse “muerto” hay que esperar 30 minutos para obtener otra vida más. Obviamente se pueden comprar vidas y quizás ahí esté un millonario negocio. Otra opción es que los amigos de Facebook le regalen al jugador más vidas.

El juego es muy simple de jugar y por alguna razón hace que los jugadores se involucren apasionadamente tratando de obtener el nivel deseado. Algunos jugadores llegan al extremo de “clavarse” tanto en el juego que son capaces de comprar más vidas o movimientos para llegar al siguiente nivel. En los teléfonos celulares algunas personas le cambian la fecha o la hora para tratar de engañar al sistema y que le dé más vidas antes de tiempo.

Lo interesante es como un juego se vuelve popular y qué habría que hacer para que esto pasara. Seguramente los creadores de Candy Crush son finalmente el nuevo Rovio (los creadores de Angry Birds), que hicieron muchísimo dinero por su original concepto para jugar.

Yo no juego Candy Crush porque me podría volver adicto y la verdad, con el ajedrez ya tengo más que suficiente.

Referencias:

Yahoo!

Desde la Red…
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