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Tal vez el cine comercial no esté pasando por el periodo más memorable de su historia. Es decir, esta moda -quiero pensar que es algo pasajero- de hacer películas bajo un enfoque de “úsese y tírese”, ha dominado las carteleras desde hace ya varios años.

Cada vez se producen más secuelas, spinoffs y remakes en el cine hollywoodense, retomando historias y personajes ya existentes para forzar otro “episodio”, casi siempre dando como resultado producciones intrascendentes. No has terminado de ver la primera y ya te están vendiendo la segunda y hasta la tercera parte, lo que resta valor al tremendo esfuerzo que representa narrar una historia en sí. No por nada por ahí dicen que “segundas partes nunca fueron buenas” -con sus remarcables excepciones, claro está.

El caso es que Warner Bros Entertainment quiere hacer Space Jam 2… ¡¿Por qué?!

¿Qué no tuvieron suficiente con la primera parte? Incluso con Michael Jordan en el pináculo de su gloriosa carrera, el siempre brillante Bill Murray como actor secundario y una horda de Looney Toons haciendo de las suyas, la película de 1996 fue mala y aburrida (sólo como referencia para respaldar este juicio de valor, Rotten Tomatoes le da un pobre 35% de calificación).

Aún así, en aquellas épocas la combinación de personajes reales con dibujos animados significaba todo un reto tecnológico. He ahí la importancia que tuvo en su momento Space Jam, y he ahí también una de las grandes razones por las cuales Space Jam 2, en el papel, luce poco atractiva.

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La primera vez que esta fórmula se llevó a cabo fue en 1940, cuando el Pato Lucas y Porky salieron del mundo de caricatura al mundo real; poco después lo hizo Disney y cómo olvidar el número de Jerry (de Tom y Jerry) bailando con Gene Kelly. Imagino que en su época habrá sido impresionante ver esta mezcolanza de imágenes.

¿Recuerdan “Quién engañó a Roger Rabbit”? Esta película de 1988 revolucionó el cine animado. Fue grandioso ver materializado el perfeccionamiento de técnicas de green screen, el uso de robots y efectos especiales en tiempo real, y la interacción de personas reales con actores que no estaban en el set.

Incluso hace 20 años, el público se emocionó ante la expectativa de ver en la pantalla grande al mejor basquetbolista del planeta al lado de Bugs Bunny. Hoy, a pocos impresionan los paisajes de mundos fantasiosos, las gloriosas batallas de súper héroes o las tremendas animaciones de Pixar. Y en sí no hay nada de malo en ello, es sólo que los efectos especiales en el cine han alcanzado tales magnitudes que ya son dados por sentado… Por lo mismo, hay que mirar hacia adelante y no hacia atrás.

Otra gran razón que le pega duro a la secuela es que cuando Space Jam se filmó Michael Jordan ya tenía 3 campeonatos en su trayectoria (aún ganaría 3 más). A sus 32 años, la estrella de los Bulls de Chicago llevaba ya varios años en lo más alto del deporte global, con una imagen casi inmaculada. Ahora tenemos a LeBron James -“El Rey”, como él mismo se autonombró hace años- levantando la mano para protagonizar la próxima película. El estelar de los Cavaliers de Cleveland no está ni cerca de Jordan en cuanto a popularidad, y aunque sí es el jugador más dominante de las duelas actualmente, también tiene 3 Finales de la NBA perdidas por “sólamente” un campeonato.

Space Jam 2 tendrá que deslumbrar al público. No sólo necesitará un buen guión -en eso no será difícil superar a la película original-, sino que deberá justificar su proyección en las salas de cine prácticamente en cada escena.

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