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Quentin Tarantino regresó en 2015 con “The Hateful 8” (estrenada recientemente en México). Dejando a un lado la euforia ocasionada por el anuncio de la visita del autor de Pulp Fiction a México (que poco después fue cancelada), me llamó la atención que no hubiera mucho ruido alrededor de su película, como ha sucedido en casi todos los casos. Una vez que la vi, supe por qué.

Esta cinta toma ciertos elementos de otras de sus obras, como la narrativa episódica, el posponer otra parte de la historia para contextualizar las circunstancias iniciales y por supuesto, la violencia explícita tanto física como verbal. Él sabe mezclar muy bien estos ingredientes pero de ahí ya no se deriva ninguna sorpresa porque la fórmula ya se volvió algo repetitiva en su quehacer.

Quizá, desde que se filtró el guion en la red y su director estuvo muy reacio a llevar a cabo el proyecto, éste perdió un poco de magia, o tal vez al tratar de darle la vuelta a lo que el mundo conoció sin su autorización, algo se le nubló en el camino. No lo sabremos.

Esta película en algunos momentos es aburrida, aunque uno le da cierta pleitesía sólo por ser Tarantino y porque nos ha regalado momentos inolvidables en la pantalla.

Lo que se agradece mucho –aparte de Morricone- es que está filmada en 65mm y terminada tanto en 70 como en 35 mm. Eso hace una gran diferencia. El celuloide es el celuloide. Aunque este filme sea exhibido mayormente vía digital, el resultado de hacer las cosas a la vieja escuela tiene un particular, entrañable y evidente encanto.

Robert Richardson es el hombre detrás del lente, que ha sido nominado anteriormente por películas como Django Unchained, Inglorious Bastards, Hugo (Dir. Martin Scorsesse) entre otras, siendo esta la novena película por la que su trabajo es considerado en la Academia.

Aunque también merecido, veo muy difícil que suba él al escenario en vez de Emmanuel Lubezki, quien en caso de ganar, se convertiría en un hecho histórico si el mexicano se lleva la estatuilla durante tres años consecutivos, siendo Birdman y Gravity los nombres que le otorgaron anteriormente dicho reconocimiento.

En “The Revenant” ocurre lo contrario que con “The Hateful Eight”, realizada con una combinación de cámaras digitales, principalmente de la casa Arri, Alexa 65, XT M  y M, así como la Red Epic Dragon. “El Chivo” nos adentra en la historia con imágenes extraordinarias, impecables y poéticas que no serían lo mismo sin la alta resolución.

“The Revenant” es en momentos contemplativa, donde se está en un íntimo contacto con la naturaleza desde un acercamiento puntual hasta planos abiertos que apoyan el trayecto físico y emocional del protagonista. Preciosista pero cruda. Uno de los muchos méritos de esta cinta, a mi parecer, es que se puede percibir la belleza desde diversos ángulos: de la vida y de la muerte, de la luz y la oscuridad, de la supervivencia y la redención. Todo tiene estos opuestos y se exponen elegantemente en cada aspecto que conforma la cinta, incluso, por lo que se conoce del rodaje de la misma, parece que también así fue el viaje de sus realizadores.

El formato tiene su propio lenguaje que debe estar al servicio de la historia. Estos dos ejemplos son una toma de muestra de las películas que están en la contienda de los próximos premios de La Academia y que sus respectivos directores saben perfectamente bien, cómo necesitan contar visualmente sus argumentos.

Llámenme romántica, pero francamente lo del HD, el 4K y ahora el 6.5K, tiene muchos bemoles. Uno ve en pantalla mucho más de lo que se ve a simple vista y eso no necesariamente es bueno en todos los casos, aunque Lubezki da cátedra de cómo hacerlo mejor que nadie y El Renacido es la mejor pieza para demostrarlo.


Linda Cruz es host de #FullscreenStudio, transmitido por @SUniversalTV viernes, 19:30 hrs. Mex. 21:30 Arg. Titular de la sección de cine Movie Monday en WFM por @WRADIOMexico. Es @LindaCruz en Twitter.

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