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En la actualidad, la National Aeronautics and Space Administration (NASA) controla sus misiones espaciales del espacio profundo a través de una red de estaciones terrestres que se encuentran en California, España y Australia. A esto se le conoce como la Deep Space Network (DSN). Incluso el Voyager I confiaba en estos canales para mandar datos a la Tierra en su carrera a las profundidades del espacio, pero el tráfico de la red ha crecido muy rápidamente, un problema para el que ya se construyen dos enormes discos en Australia y para el que un investigador de la Universidad del Sur de California ha propuesto una novedosa solución.

En la presentación de la AIAA Space Conference, en Pasadena, California, el martes pasado, Ouliang Chang sugirió que una manera de solventar las dificultades de toda esta cantidad de datos sería la de construir una supercomputadora con sus respectivos discos… ¡en la Luna! Esta supercomputadora lunar no solamente facilitaría la carga de datos a la infraestructura de la misión, sino que daría poder de cómputo para la “primera fase del desarrollo industrial de la Luna”, a decir del investigador

Chang sugiere que la supercomputadora lunar debería construirse en el lado oscuro de la Luna, en un cráter cerca de un polo. Esto la protegería de las variaciones extremas de temperatura y podría usar el agua congelada a manera de enfriamiento.

Aparte de incrementar las posibilidades de comunicación, la presentación del investigador sugiere también que los discos parabólicos de la Luna podrían usarse en conjunto con los de la Tierra para desarrollar trabajos de interferometría, lo que permitiría que muchos telescopios emularan entonces un gran telescopio.

El reto de construir cualquier cosa en la Luna es enorme, pero si consideramos una estructura modular, quizás podría hacer las cosas más fáciles. Compañías como HP e IBM están construyendo bloques para centros de cómputo que pueden conectarse directamente ya en los sitios en donde se construyen dichos centros, con mucha facilidad. Mandar los bloques de cómputo a la Luna armados sería mucho más sencillo que tratar de armar una supercomputadora directamente en el sitio, en este caso la Luna.

Referencias: New Scientist

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