En la película “The Truman Show”, un hombre ha vivido toda su existencia sin conocer que, desde su nacimiento, ha sido protagonista de un programa televisivo, emitido las 24 horas del día, de miles de cámaras ocultas, y de que todo a su alrededor es ficticio. Algo parecido, pero hecho con el mero interés científico fue lo que hizo el investigador del MIT, Deb Roy, cuando decidió que al nacer su hijo, capturaría todos y cada uno de sus movimientos, así como su habla, a través de una serie de cámaras con ojo de pescado, instaladas en cada uno de los cuartos de su casa. El propósito era entender cómo es que aprendemos un idioma.

Cinco años (unas 90,000 horas) después, y con la combinación de un nuevo software y de transcripciones humanas, llamado Blitzscribe, se pudo procesar unos 200 terabytes de datos para capturar el refinamiento en el vocabulario del niño. En un clip (ver fuente del artículo) de unos 40 segundos, se puede escuchar como la palabra “gaga” se convierte en “water” en el transcurso de unos seis meses. También puede notarse la evolución de la palabra “ball”.

Con visualizaciones 3D no realísticas, el equipo de trabajo de Roy pudo moverse a cualquier parte de la casa como si se tratara de una casa de muñecas, y así mapear las veces que se repetía cada palabra y en qué contexto ocurría. Así, la palabra “water” aparecía más frecuentemente en la cocina, mientras que la palabra “bye” se podía ver con más frecuencia en la puerta. Se hizo además una análisis para graficar los movimientos de la familia de recámara en recámara.

La mayoría de los movimientos permitieron el mapeo preciso de entre el niño y sus cuidadores, padre, madre y nana. Por ejemplo, Roy fue capaz de rastrear la longitud de cada oración hablada por el niño en donde una palabra en particular -como “water”- se incluía. Una vez que la criatura empezaba a decir correctamente la palabra, lo que Roy llamó “nacimiento de la palabra“, algo asombroso pasaba. Cuando nacía una palabra, los cuidadores entonces repetían más frecuentemente esa palabra en frases cortas. Cuando ya la palabra era parte del vocabulario, las oraciones se volvían a hacer más largas. de alguna manera el infante dibujaba el comportamiento de sus cuidadores.

Roy ahora está utilizando su asombrosa capacidad de investigación a otros campos. Con su equipo han desarrollado un sistema parecido pero para los comercios. Roy está por dejar el MIT y ha fundado una compañía llamada Bluefin Labs, que aplica el mismo análisis a otros asuntos, no necesariamente el del habla de un niño, sino a eventos que se transmiten por televisión o en las redes sociales. Así pues, “después de más de 15 años de academia, quiero tomar algunas de mis ideas, sacarlas del laboratorio y ponerlas en el mundo“, indicó el investigador.

Siento que los cambios en el mundo de las masas y de los medios sociales proveé un medio ambiente ideal para estas ideas para tener un impacto real (no solamente comercial, sino también social), una oportunidad que siento puede ayudar a progresar“, indicó Roy.

Los métodos que desarrolló se siguen aplicando a bebés; algunos de sus estudiantes graduados del MIT continúan analizando los datos y Roy ha diseñado la PlayLamp, un mecanismo menos invasivo de grabación para analizar en estudios piloto a los niños con riesgo de autismo.

Fuente: FastCompany

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