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Por el momento la Luna es como el mar: cualquiera puede usarlo y nadie puede ser el propietario. En 1967 los Estados Unidos y la Unión Soviética negociaron un Tratado del Espacio Exterior, en donde se dice explícitamente que ninguna nación puede ser propietaria de una parte de la Luna o de un asteroide. “Se tiene el derecho de ir y tomar muestras de la Luna pero no se tienen ningún derecho de dibujar un cuadrado en ninguna zona en la superficie de nuestro satélite natural y decir éste cuadrado es mío'”, dice Stephen E. Doyle, un abogado ya retirado quien sirvió a la NASA en la dirección de asuntos internos.

Sin embargo, el Space Settlement Institute está cabildeando para que la industria privada pueda desarrollar parcelas privadas en otros planetas y así iniciar la colonización de otros mundos. Alan Wasser, de dicho instituto, dice que una compañía privada puede construir una “línea al espacio” similar a lo que hace una línea aérea, nada más que de la Tierra a la Luna. Y como una corporación no es una nación, el Tratado del Espacio Exterior no es aplicable.

Wasser dice que la propiedad de una tierra, y la promesa de utilidades basadas en ella, es un incentivo necesario para invertir en la colonización del espacio. Está cabildeando para que exista una legislación que comprometa a los Estados Unidos para que en el futuro, cuando sea posible la colonización, no haya impedimientos legales. Curiosamente hoy en día cualquiera puede comprar su pedazo de la Luna. El “Lunar Registry” vende a unos 20 dólares el acre. Doyle dice que debiese haber algún tipo de organismo regulador para reconocer y reforzar los derechos de la propiedad, pero tal organismo simplemente no existe hoy día. Por lo tanto, quienes han comprado ya su pedazo de tierra lunar en realidad solamente tienen unos bonitos pergaminos que los acreditan como “dueños”de  ninguna parcela real.

Doyle indica que los colonizadores del futuro podrían echar un vistazo al tratado Antártico, en donde se ha designado el continente como una reserva científica que prohibe las actividades militares o las de minería. 28 países mantienen estaciones de investigación , las cuales están contínuamente bajo el escrutinio del Council of Managers of National Antarctic Programs, quien define las mejores prácticas científicas para el continente. “Cualquiera que entienda las implicaciones de imponer una ley nacional sobre los cuerpos celestiales, entenderá que es mejor tratarla como la Antártica en lugar de tratarla como si se tratara de Manhattan. “En caso contrario”, dice Doyle, “llevaremos todos los problemas que tenemos en la superficie de la Tierra y los extenderemos al espacio exterior”.

Así que quizás sea mejor esperar algunos años para que de verdad alguien decida colonizar algún otro cuerpo celeste y hacerse así de un terreno en el espacio exterior, si es que lo dejan. En el mientras, comprar parcelas en la Luna, por ejemplo, parece ser un simpático negocio de unos vivales. Vaya, un simple fraude.

Referencias:

Popular Science

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