Dice la Wikipedia que la tabla periódica de los elementos es una disposición de los elementos químicos en forma de tabla, ordenados por su número atómico (número de protones), por su configuración de electrones y sus propiedades químicas. Este ordenamiento muestra tendencias periódicas, como elementos con comportamiento similar en la misma columna.

Y en palabras de Theodor Benfey: “la tabla y la ley periódica son el corazón de la química -comparables a la teoría de la evolución en biología y a las leyes de la termodinámica en la física clásica”.

Dmitri Mendeléyev publicó en 1869 la primera versión de tabla periódica que fue ampliamente reconocida. La desarrolló para ilustrar tendencias periódicas en las propiedades de los elementos entonces conocidos, al ordenar los elementos basándose en sus propiedades químicas.

Mendeléyev también pronosticó algunas propiedades de elementos entonces desconocidos que anticipó que ocuparían los lugares vacíos en su tabla. Posteriormente se demostró que la mayoría de sus predicciones eran correctas cuando se descubrieron los elementos en cuestión.

Hoy se añaden cuatro nuevos elementos a la tabla periódica con sus nombres definitivos. Los elementos 113, 115, 117 y 118 se llaman ahora, oficialmente: Nihonium (Nh), Moscovium (Mc), Tennessine (Ts) y Oganesson (Og), respectivamente. Estos elementos fueron descubiertos y confirmados en la década pasada.

Los nombres y el cambio a la tabla periódica se aprobaron por la IUPAC – International Union of Pure and Applied Chemistry.

Estos cuatros elementos ya estaban confirmados desde enero y se les asignaron símbolos y nombres temporales: ununtrium (Uut), ununpentium (Uup), ununseptium (Uus) y ununoctium (Uuo). Cabe decir que los equipos de Rusia, Estados Unidos y Japón, quienes están detrás de estos descubrimientos, tuvieron la tarea de bautizar a los elementos descubiertos. Sus propuestas se definieron en junio pasado.

Después de un período de cinco meses de revisiones públicas, los nombres propuestos por los descubridores han sido aprobados por el buró de la IUPAC, quien anunció que: “siguiendo con la tradición, los nuevos elementos descubiertos se bautizan por un lugar geográfico, una región o por un científico”.

Por ejemplo, Nihonium se basa en “Nihon,” una palabra japonesa para Japón. Moscovium, no hay que imaginar mucho, se debe al nombre de la capital rusa, Moscú. Tennessine es por el estado de Tennessee. La organización internacional hizo notar que este estado es conocido por ser pionera en la investigación en química. Es el segundo estado al que se le honra en la tabla periódica.

Por último, Oganesson es un tributo al físico de 83 años, de Rusia, Yuri Oganessian. Esta es la segunda ocasión que se le bautiza a un elemento químico basado en el nombre de una persona viva.

Referencias: University Herald 

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