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Prótesis controlada a través de una interfaz directa al hueso

Anteriormente ya les hemos informado sobre algunas prótesis que pretenden una integración con el sistema neuromuscular. Ahora, dando un paso más adelante en este campo, el mexicano Max Ortiz Catalán, de la Universidad de Chalmers en Suecia, ha desarrollado una prótesis con una conexión directa a los huesos, nervios y músculos.

Esta tecnología se conoce con el nombre de osteointegración, en la que el hueso, los músculos y los nervios están integrados con la prótesis. Al paciente se le colocan electrodos que “leen” los impulsos de los nervios, para darle movimientos más precisos.

Estos electrodos (llamados óseo-integrados) están tejidos debajo de la piel. Esto permite producir retroalimentación constante entre las señales que envía el cerebro. De esta forma, ayuda a estimular nervios y a controlar mejor el brazo artificial.

“Este brazo artificial se adhiere directamente al esqueleto y esto da estabilidad mecánica. Así, el sistema de control biológico humano, es decir, nervios y músculos, está en una misma interfaz con el centro de control de la prótesis vía electrodos musculares”, especificó Max Ortiz, líder de la investigación.

El primer paciente que tuvo una prótesis de este tipo se le colocó en enero de 2013. Ahora, asegura que puede realizar los mismos movimientos que ejecuta  con su otro brazo.

“Esta tecnología crea unión íntima entre el cuerpo y la máquina y entre la máquina y la mecatrónica (ciencia que estudia los sistemas que conforman las máquinas y robots)”, añadió.

Max Ortiz Catalán

Max Ortiz Catalán

En la recuperación, los investigadores debían dejar pasar, al menos, 18 meses desde la operación, para que esta pudiera ser considerada un éxito y que el usuario pudiera llevar una vida completa normal.

Hoy, 21 meses después de la implantación de su nuevo brazo, el reporte cuenta que el hombre ya lleva una vida normal y puede desempeñarse bien en su trabajo.

“El hombre tiene un trabajo muy demandante a nivel físico. Es chofer de camiones en el norte de Suecia y no solo debe afrontar caminos difíciles, parte de sus labores consiste en cargar y descargar los contenidos del camión y llevar mercadería a los clientes”.

Sin embargo, el informe indica que hay labores manuales muy detalladas en las que todavía cuesta mucho manejar la prótesis, como amarrarse los cordones de sus zapatos o abotonarse una camisa.

Los científicos afirman que aún falta tiempo para que esta tecnología pueda estar de manera general en los amputados, pero señalan que es un paso importante en la búsqueda de una extremidad artificial, que ni siquiera se perciba.

“Por el momento no podemos reemplazar completamente una mano, aumentar sus capacidades es todavía más difícil: no imposible, pero no va pasar en la próxima década”.

“En cualquier caso, lo cierto es que por vez primera las prótesis robóticas controladas a través de interfaces neuromusculares implantadas se han convertido en una realidad clínica. Este nuevo sistema de implante osteointegrado proporciona a los pacientes nuevas oportunidades para su vida diaria y actividades profesionales”, agrego.

Referencia: Science

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