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Hay un reto entre programadores que ha llamado por muchos años la atención. Se trata de hacer un programa que pueda llevar una conversación con un programa y pasar la prueba de Turing, es decir, que el ser humano que lleva la plática con el programa no pueda decidir si está hablando con otra persona o si es una computadora con la que se comunica.

De acuerdo con Wikipedia, el Premio Loebner es una competición de carácter anual que concede premios a un programa de computadora que esté considerado por el jurado que lo compone, como el más inteligente de los que se han presentado. El formato de la competición sigue el estándar establecido en la prueba de Turing. Un juez humano se enfrenta a dos pantallas de computadoras, una de ellas que se encuentra bajo el control de una máquina, y la otra bajo el control de un humano. El juez plantea preguntas a las dos pantallas y recibe respuestas. En base a las respuestas, el juez debe decidir qué pantalla es la controlada por el ser humano y cual es la controlada por el programa de ordenador.

El concurso se hizo por vez primera en 1990, patrocinado por Hugh Loebner junto con el Centro de Estudios del Comportamiento de Cambridge, en Massachusetts, Estados Unidos. Desde entonces se ha asociado con Universidad Flinders, el Dartmouth College, el Museo de Historia Natural de Londres, y, más recientemente, la Universidad de Reading.

Curiosamente, Marvin Minsky ha sido uno de los más acérrimos críticos de este premio, pues indica que es un mero truco publicitario que no ayuda en nada al desarrollo de la Inteligencia Artificial.

En el concurso de este año, un chatbot (un robot que platica, pues), llamado Rose, venció a otros tres programas, pero incluso así, solamente obtuvo la medalla de bronce por ser el mejor programa para conversar, aunque Rose claramente no era humano. Hay que decir que ninguno de los programas, que compitieron en Bletchley Park, donde Turing trabajó en criptografía en la Segunda Guerra Mundial, pudo confundir a los seres humanos de que la conversación era llevada a cabo por uno de ellos y no una máquina. No obstante, el programa Rose se llevó 4,000 dólares por ser el más parecido a poder llevar a cabo una plática con humanos. Bruce Wilcox, el programador ganador, ya había triunfado en el 2014, 2011 y 2010.

Esta competencia con los años ha empezado a declinar. Loebner propuso originalmente un premio de 100 mil dólares. Hoy el premio es de 25 mil dólares para el primer programa que pase la prueba de Turing. Después de 25 años de esta competencia, no parece sin embargo que los avances sean francamente notables. A decir de los expertos que evaluaron estos chatbots, ninguno de ellos saca ventaja de las nuevas técnicas de la Inteligencia Artificial y además, no exhiben la creatividad humana, que parecen ser parte fundamental del pensamiento humano.

Por años la prueba de Turing se ha convertido en el centro de muchas discusiones. Por ejemplo, a Winograd (el creador del programa SHRLDU) le parece una prueba insuficiente y ha propuesto hacerla más fuerte con preguntas queincluyan pistas lingüísticas. A esto se le ha llamado los esquemas de Winograd y propone preguntas como éstas:

“Si una cama no cabe en un cuarto porque es muy grande, qué es lo que es muy grande?

(Son preguntas que contienen ambigüedad como aquella de “Veo una mujer con un telescopio”, lo cual no aclara si es la mujer que tiene el telescopio o está siendo observada por alguien a través de uno).

Curiosamente, en el 2013, el chatbot Mitsuki, en el 2013 contestó a esto: “¿Es esto un acertijo? ¿Qué tan grande es? Háblame más del mismo”.

Otra pregunta de estos esquemas de Winograd dice:

“Si Alex le presta dinero a Joe porque está quebrado. ¿Quién necesita el dinero?

Talk2me, un chatbot no pudo contestar esto y sólo dijo: “Lo siento, ha ocurrido un error y me voy a apagar”.

Es interesante el concurso y contrario a lo que opina Minsky, bien podría ayudar en algunos campos de la IA, como por ejemplo, en la creación de asistentes electrónicos más inteligentes. De hecho, una de las preguntas hecho a Pandorabot – Alice fue: “¿Cuántos presidentes de Estados Unidos se han llamado Bush?”. La respuesta fue: “Esta es una pregunta que normalmente podría contestar pero no tengo Internet y no puedo obtener la respuesta de otro robot”.

De acuerdo a uno de los jueces, Jacoob Aron, “en la práctica necesito un par de minutos para saber si hablo con un ser humano o una máquina. Un programa empezó con la estrategia de tratar de sobornarme para dividir el premio metálico si lo declaraba humano, mientras que otro decía ser un alien en una nave espacial. Estas tácticas no funcionaron, desde luego.

La Sociedad para el Estudio de la IA y la Simulación del Comportamiento hará el concurso el año que viene y quizás los programadores ataquen el problema de los esquemas de Winograd de mejor manera. La crítica más dura indica que el premio Loebner ha degenerado en un circo mediático y ya es tiempo de reformarlo o desecharlo. La IA está en un estado frágil y no podemos darnos el lujo de provocar otro invierno de la IA por este tipo de concursos.

Si quiere platicar con Rose, puede entrar a esta página . Si tiene Chrome como navegador, el sistema le respondrá incluso vía voz.

Referencias:

Premio Loebner (Wikipedia) 
i-programmer 

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