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La industria de los robots sexuales crece rápidamente. El hiperrealismo de estos dispositivos y su alta demanda han consolidado un fuerte mercado que crece año con año; de hecho es una industria que representa 30,000 millones de dólares anuales. Incluso existen estudios que encontraron que hasta el 86% de las personas estarían dispuestas a tener sexo con uno de estos gadgets y artículos en medios como The New York Times que aseguran que su uso podría mitigar la ira.

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Sin embargo, ahora un nuevo un nuevo estudio publicado por el BMJ Sexual & Reproductive Health asegura que, por más que a algunos les guste, no existe evidencia médica que certifique que los robots sexuales aportan beneficios físicos o terapéuticos a sus usuarios.

Las investigadoras Chantal Cox-George, doctora de los Hospitales Universitarios de St. George en Gran Bretaña, y Susan Bewley, obstetra del King’s College de Londres, llegaron a esta conclusión luego de buscar en la literatura médica informes sobre los aspectos de salud de los robots sexuales y terminar con las manos vacías.

Según reporta The Verge, aunque estos dispositivos pueden ayudar a tener sexo más seguro o a parejas que busquen más sexo del que pueden tener, todos estos beneficios son más hipotéticos y hasta producto de fantasías, que estrictamente reales.

Con el informe publicado por BMJ ya han surgido reacciones de aquellos que buscan echar luz sobre el uso responsable de robots sexuales, como Noel Sharkey, profesor emérito de inteligencia artificial y robótica en la Universidad de Sheffield en Inglaterra, quien aplaudió el trabajo de Cox-George y Bewley por su extensa investigación.

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“Nos dimos cuenta de que a los médicos se les pedía su opinión profesional sobre muñecas sexuales y robots”, dijo Cox-George sobre su investigación. “Aconsejamos que los sexbots no se utilicen en la práctica médica, a menos que formen parte de una investigación sólida y ética”, añadió.

La investigación de estas especialistas se enfocó en cuatro interrogantes clave sobre los robots sexuales:

  • Si promueven un sexo más seguro frente a las enfermedades de transmisión sexual.
  • Si ofrecen potencial terapéutico para individuos con disfunciones sexuales.
  • Si pueden ayudar a tratar a los pedófilos y a otros delincuentes sexuales.
  • Si producen un impacto en las normas sociales en cuanto a la objetivación del cuerpo femenino.
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