Vista del RoboJelly

Cuando la civilización humana desaparezca será difícil encontrar pruebas de nuestro paso por la tierra. Sin embargo, si pensamos que  los robots humanoides sean los herederos de la tierra, nos haríamos la pregunta ¿Qué los va a sustentar? ¿Habrá una batería lo suficientemente poderosa para que un mecanismo dure 100, 200 años? La respuesta puede llegar en forma de una medusa de silicona creada por científicos del Virginia Tech que se ‘alimenta’ del hidrógeno y oxígeno del océano para nutrir sus músculos artificiales y ‘vivir por siempre’.

Su creación fue encargada en 2009 por la Oficina de Estudios Navales de Estados Unidos para encontrar un mecanismo autosustentable que propulse submarinos en el futuro. La medusa biométrica, cariñosamente conocida como RoboJelly, tiene músculos fabricados con un compuesto de silicona y cuerpo de platino. Sus movimientos son casi iguales a la de su contraparte natural, Aurelia auriga, y  la batería que le da vida es el océano que la rodea.

El cuerpo del RoboJelly cataliza los componentes del agua por medio de una estructura de nanotubos de cartón que crea el combustible que, a su vez, genera el calor que la aleación de memoria de los músculos aprovecha para generar movimiento; el subproducto es posteriormente expedido por el RoboJelly como agua vaporizada. Toda una maravilla de la ingeniería bioeléctrica, que garantiza vida eterna para este dispositivo.

Su uso variará desde dispositivos de vigilancia subacuática a una forma de autosustentabilidad para otros dispositivos. Imaginen un panorama futurístico donde el mar se encuentre habitado por cientos de ‘peces’ artificiales que midan la temperatura del agua, vigilen al enemigo, se alimenten de organismos u elementos dañinos para el medio ambiente, entre una infinidad de cosas.

 

 

Enlaces Patrocinados
Comentarios