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Los agujeros negros son una especulación teórica sobre lo que pasa cuando una estrella se colapsa debido a su propia fuerza de gravedad. Es una de las teorías que más adeptos tiene y los datos experimentales parecen corroborar su existencia. Por ejemplo, las observaciones de la NASA usando NuSTAR (Swift and Nuclear Spectroscopic Telescope Array), un arreglo de telescopios, podrían haber localizado la fuente de una serie de rayos X muy intensos, que parecen ser emitidos por agujeros negros supermasivos. De acuerdo a la NASA, este fenómeno puede atribuirse a un componente de los agujeros negros llamado “corona”.

El agujero negro donde se detectaron estas flamas intensas de rayos X se conoce como Markarian 335 (Mrk 335), y se encuentra a unos 324 millones de años luz de la Tierra, en la Constelación de Pegaso. Y aunque se sabe que los agujeros negros se tragan todo, incluso la luz, los telescopios han podido detectar luz creada por un gas que se encuentra en las emanaciones gravitacionales de cuerpos como el Mrk 335. En la medida que el gas se aproxima al horizonte del evento, se supercalienta, causando que brille con mucha intensidad.

Los telescopios han detectado también luz creada por la corona del agujero negro, una estructura de partículas de alta energía, que está documentado, da radiación electromagnética en la parte de rayos X. Hoy en día hay dos teorías al respecto de esta estructura llamada corona. La primera indica que la corona es compacta, como un foco de luz que se posiciona por encima y por debajo de la singularidad a lo largo de su eje rotacional. La segunda posibilidad es que la corona tome la forma de una nube difusa que se encuentre rodeando al agujero negro. Este es el conocido modelo del sandwich (o emparedado).

En septiembre del año pasado, los telescopios de la NASA pudieron registrar estas “flamas” de rayos X que ocurren en el Mrk 335. Los astrónomos entonces decidieron continuar estas observaciones. Descubrieron entonces que la fuente de las flamas era la corona, que estaba expulsándolas del agujero negro. Moviéndose a un 20% de la velocidad de la luz, la corona se observó formándose en la base de la flama antes de que se descargara al espacio. Un efecto colateral de esto, es que la luz emitida desde la corona fue amplificada gracias a un efecto conocido como Doppler relativístico.

Hay que decir que esta es la primera vez que se hace una observación de esta naturaleza, de acuerdo a lo que explica Dan Wilkins, de la Universidad Saint Mary en Halifax, Canadá. “Esto nos ayudará a entender cómo agujeros negros supermasivos pueden dar energía a los objetos más brillantes en el Universo”.
Referencias:

NASA 
GizMag 

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