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Por milenios, la humanidad se ha relacionado entre sí de la manera más íntima posible, la guerra hasta ahora, la forma en la que hemos defendido nuestros ideales, tierras y recursos no ha variado mucho desde que se creó el primer conflicto entre, lo que pudo haber sido, una pequeña riña entre los primeros Homo Sapiens.

Llevamos más de 25 mil años de civilización y el único salto importante en cuanto a la esencia de la conflagración, ha sido la introducción de las armas de fuego en el campo de batalla. Esto podría cambiar en un futuro cercano con, lo que supone la Royal Society de Londres, será un salto cuántico en la forma en la que nos damos catorrazos los unos a los otros.

Según su estudio, Neurociencia, conflicto y seguridad, una serie de tecnologías asociadas con el uso del poder mental en cuanto al control de las armas podrían surgir si se desarrolla la interfaz correcta.

Sistemas de interface neural serían los responsables de la destrucción masiva controlada por un individuo a miles de kilómetros de distancia, mientras se encuentra plácidamente sentado en alguna base mientras importantes ciudades del mundo se convierten en campos de batalla, llenos de cenizas y muerte.

La Royal Society predice este importante salto al observar el éxito que sistemas como el BrainGate han alcanzado al permitir a pacientes totalmente paralizados controlar un cursor que aparece en pantalla usando solamente voluntad.

De acuerdo con el reporte, se sugiere la división por medio de electrodos entre el ser humano físico y la mente ya que, “La mente tiene mayor capacidad para distinguir, adquirir y administrar objetivos esenciales que su contraparte consciente.”

Otros usos para sistemas similares al de BrainGate, o los llamados NIS, incluyen el implante de pequeños electrodos en el cuerpo del operativo para combinarlos con tecnologías infrarrojas y de sonar para permitir a un soldado o policía “sentir” el calor o la proximidad de un objeto. Caso que podría desencadenar un importante debate en cuanto a  los aspectos éticos y legales sobre la forma en la que se libran los conflictos.

El interés en las “guerras mentales” no sólo está entre los miembros de esta longeva asociación londinense. Agencias gubernamentales de Estados Unidos y Londres  – Para variar.- se encuentran financiando programas para encontrar soluciones a problemas comunes encontrados entre los soldados de los campos de batalla contemporáneos, tales como el Síndrome de Estrés Post-Traumático e incapacidades motoras debido a problemas cognitivos con el uso de implantes neuronales prostéticos que neutralicen estas deficiencias.

La integración de ciencias bio-electrónicas en la guerra tendrá usos ilimitados si no se desiste en su investigación, ya que podrían convertir un hombre común en una máquina de matar eficiente, libre de todas las limitaciones de la mente. Claro, también se encuentran en investigaciones usos más prácticos en el campo de la medicina que no harán más que enaltecer el nombre de la ciencia con el noble proósito de ayudar al prójimo.

 

 

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