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La Universidad de Arizona está estudiando los hábitos de sus estudiantes a través del uso de sus credenciales, las cuales se usan para entrar a las instalaciones, para pedir libros, para entrar a los salones, etcétera. Y esta inocente información bien podría ser usada ahora para estudiar las probabilidades de que un estudiante abandone los estudios.

Las modernas credenciales de la Universidad de Arizona tienen un sensor en las mismas, que permite llevar el monitoreo de dónde se usan, ya sea en los centros de estudio como bibliotecas, laboratorios y salones, así como en los lugares recreativos dentro de la universidad e incluso en el uso de las credenciales para comprar en las maquinitas refrescos y golosinas.

“Observando sus trazos digitales, se puede explorar su patrón de movimientos, comportamientos e interacciones, de forma que se puede saber mucho de cada estudiante”, dice Sudha Ram, un profesor de manejo de sistemas de información quien dirige esta iniciativa.

Los investigadores han obtenido información de sus estudiantes en los tres años que han estado en la universidad y han podido encontrar que sus predicciones sobre quienes son los más probables en abandonar sus estudios llegan a tener un 73% de precisión. Tienen también planes para darle a los consejeros académicos una plataforma en línea para poder llevar el monitoreo de los alumnos en tiempo real.

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La conclusión de esta investigación indica que “aquellos que empiezan a hacer más chico su círculo social y no tienen rutinas establecidas, son los candidatos más probables a abandonar sus estudios”. Es claro que con la información del desempeño académico, la ayuda financiera, y la actividad completa de los estudiantes, a través de sus credenciales, se pueden confeccionar listas de aquellos que podrían abandonar pronto sus estudios. Esto, desde luego, podría ser importante para reforzar la vigilancia de los consejeros académicos para ayudar a aquellos estudiantes que por alguna razón podrían dejar los estudios.

Se discute, evidentemente, si la observancia de los datos que los estudiantes entregan cada vez que usan su tarjeta no viola sus garantías o privacidad. Es un punto importante porque finalmente aquí la información no es a nivel estadístico sino en particular sobre el comportamiento de cada estudiante. Sin embargo, los investigadores indican que su idea funciona de alguna manera como hace Amazon, que mide los intereses de sus clientes y lleva un perfil de ventas para así asociarlo a promociones o sugerencias sobre libros, etcétera. Y en este sentido, el trabajo de investigación que se hace en 4esta universidad dura doce semanas, lo que puede dar ya información razonablemente certera y así hacer hipótesis que podrían beneficiar a los mismos estudiantes.

Hay que señalar que los algoritmos usados pueden fallar o no ser muy precisos, o peor aún, tener algún sesgo definido. Ram admite que “vivimos en una era en donde no deberíamos de generalizar los resultados sobre grupos de personas. Uno debería personalizar las soluciones a un nivel individual”. Por el momento la investigación no es más que analizar lo que bien podría ser “sólo una señal”.

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