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La Agencia Espacial Europea confirmó que la sonda Rosetta tendrá un aterrizaje forzoso en el cometa 67P el próximo viernes 30 de septiembre. La maniobra, que se espera destruya al satélite, concluirá dos años de investigaciones en los 4 kilómetros de toda la bola de tierra helada.

Los controladores de vuelo planean tener las cámaras listas para que captar y transmitir imágenes durante el descenso final. Los sensores que pueden “oler” el ambiente químico también se encenderán, mientras que el resto de los sensores probablemente estarán apagados.

Expertos en dinámica de vuelo todavía tienen que trabajar en varios detalles, pero Rosetta será puesta en una elipse apretada alrededor del cometa y se le ordenará abandonar su perigeo progresivamente para después estar en curso de colisión con el objeto con forma de pato.

Los directores de la misión tenían planeado originalmente llevar a Rosetta a un lugar conocido como Agilkia, el cual fue designado para que su pequeño robot, Philae, aterrizara en noviembre de 2014.

En el evento, Philae rebotó a un kilómetro de distancia, pero el terreno relativamente plano de Agilkia sigue siendo una opción atractiva, aunque se están estudiando otros objetivos.

Después de haberse deslizado alrededor del Sol en agosto pasado, el cometa 67P se encuentra actualmente en una trayectoria que lo está llevando lejos del Sistema Solar interior hacia la órbita de Júpiter. Hoy en día, la sonda está casi a 500 mil millones de kilómetros del Sol.

Esto significa que la cantidad de luz que cae sobre los paneles solares de Rosetta está disminuyendo gradualmente; y, como consecuencia, tiene menos días de energía por día para que sus instrumentos y subsistemas funcionen.

Debido a ello, pronto los ingenieros tendrían que poner al satélite en modo de hibernación si quieren utilizarlo a largo plazo, durante el próximo encuentro de 67P con el Sol en unos pocos años.

Pero después de haber pasado ya 12 años en el espacio, luchando contra grandes oscilaciones de temperatura y radiación dañina, sin mencionar a una carga de combustible muy reducida, hay poca confianza en que Rosetta todavía esté operativa en el futuro a largo plazo.

Por el otro lado, el aterrizaje forzoso ofrece la oportunidad de conseguir algo más para la ciencia y el entendimiento de los cometas, por lo que los controladores de vuelo intentarán mantener el contacto con el satélite durante el mayor tiempo posible durante el descenso final, aunque mucho dependerá de lo bien que Rosetta haga frente al entorno con polvo alrededor de 67P.

Referencias: Ars Technica, The Verge

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