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¿Por qué nos enamoramos? La química del amor es una cascada de reacciones emocionales donde hay electricidad (descargas neuronales) y química (hormonas y neurotransmisores). Éstas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte los signos del enamoramiento.

Cuando encontramos a esa persona se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).

Sus efectos se hacen notar al instante:

  • El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).
  • La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.
  • Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.
  • Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.
  • Se presenta la sensación de mariposas en el estomago.

“Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado” Antífanes, comediógrafo griego.

Los síntomas del enamoramiento que percibimos, si hemos sido afortunados, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo y su clímax parece ser cuando se produce en el cerebro la feniletilamina, un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas.

Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.

Su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor (compañerismo, afecto y tolerancia).

Con el tiempo surge el gran problema, el organismo se hace resistente a los efectos de estas sustancias y desarrolla una tolerancia, la locura de la pasión se desvanece gradualmente, y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia dando paso a un amor más pacífico. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otro baño químico. En este caso son las endorfinas (compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos, que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser amado, ya que dejamos de recibir la nuestra dosis de narcóticos.

En este punto para conservar la pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (buena convivencia, costumbre, intereses mutuos, etc.) y hemos de luchar por que el proceso deje de ser solo químico. Estableciendo lazos más fuertes, de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de feniletilamina, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.

Es cierto, y no podemos negar, que el amor es un hecho científico donde existe una química interna que se relaciona íntimamente a los estímulos, emociones, sentimientos y comportamiento concedido por la interpretación que cada uno de nosotros le otorgamos de acuerdo con nuestra cultura, ya que hasta el más sublime de los sentimientos está conectado a la producción de alguna hormona.

El ligue

Los psicólogos han demostrado que se necesita entre 90 segundos y 4 minutos para decidir si nos gusta alguien. Investigaciones ha demostrado que esto tiene poco que ver con lo que se dice.  Un 55% es a través del lenguaje corporal, el 38% es el tono y la velocidad de su voz y sólo el 7% es a través de lo que dicen.

Por lo que les traemos 5 consejos comprobados científicamente para ligar en la primera cita.

1. El reflejo de la fama

Diversos estudios sugieren que las mujeres consideran más atractivo a un hombre si otras mujeres aprecian o disfrutan estando con ese hombre. Somos más atractivos si alguien dice que somos atractivos.

2. Discrepa y después da la razón

Elogiar y asentir continuamente no siempre es la mejor estrategia para caer en gracia al sexo contrario. Si quieres causar verdadero interés, tienes que suponer cierto desafío. Es mejor hacerse el duro en los primeros minutos de la cita, incluso discrepando de lo que te digan, para luego mostrarte directamente encantador.

3. Habla de cosas que los dos odien

Compartir las actitudes negativas de los demás hace que surjan vínculos comunes, es más fácil sentirse cómplice si se habla de las cosas que nos disgustan a ambos y no de las que nos gustan.

4. Finge una sonrisa auténtica

Sonreír en el mundo de la seducción no es tan fácil como extender la comisura de los labios. También hay que conseguir que se arrugue el rabillo del ojo. Las sonrisas que tardan más en extenderse al resto de la cara (más de medio segundo) se consideran muy atractivas, sobre todo cuando se acompañan de una ligera inclinación de cabeza hacia la pareja.

5. No exageres al hablar de tus parejas previas, pero tampoco escatimes, es igualmente ineficaz mostrarse presumido respecto al número y calidad de tus conquistas anteriores como mostrarse muy humilde. La cuestión es mostrar cierto equilibro entre ambos extremos: definirte como exigente (eres selectivo y no has tenido muchas parejas) pero también experimentado (has tenido unas cuantas parejas).

Concluyendo el amor  es por demás complejo tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y el territorio donde la razón es una intrusa.

“La paradoja del amor es, ser uno mismo, sin dejar de ser dos”. Erich Fromm

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