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La energía eléctrica nos es imprescindible en la vida moderna. No podríamos entender el mundo si no tuviésemos a la mano el fluído eléctrico. Una gran parte de los dispositivos que hay en el planeta, de todo género, usan energía eléctrica y no es casualidad. hablamos de una forma de energía que no es contaminante con respecto a otras, por ejemplo, el petróleo.

Todas las ciudades, grandes y pequeñas, usan energía eléctrica para iluminar las casas, las calles, etcétera. En muchas partes del planeta, sin embargo, los cortes a la “luz” son relativamente comunes. Para no ir más lejos, en Cuba hubo un tiempo en donde simplemente -para ahorrar energía eléctrica- se cortaba el suministro a las ciudades por unas horas al día. Otras iniciativas, de las que ya hemos hablado en uno cero, como la de darle un respiro al planeta apagando la luz una hora, aunque son más mediáticas que reales, es claro que hablan de que éste es un bien que hay que cuidar.

Por ello, llama la atención que un mecánico brasileño, Alfredo Moser, tuvo una idea en el 2002. Después de padecer frecuentes apagones en su ciudad, Uberaba, al sur de Brasil, este personaje decidió jugar con la refracción de la luz del sol en el agua y en un momento dado logró inventar algo así como el foco de los pobres. El esquema es barato y sencillo. Una botella de plástico de dos litros, llena de agua (con un poco de lejía para evitar las algas), la coloca en un agujero en un tejado y la ajusta con resina de poliéster.

Lo que logró fue iluminación gratuita y limpia durante el día. Sobre todo en espacios cerrados donde no hay ventanas. Desde luego, de acuerdo a la intensidad de la luz solar, la potencia de estos “focos” es de 40 a 60 volts.  Moser dice: “Es una luz divina. Dios hizo el sol para todos y su luz es para todos”, y agrega “No te cuesta un céntimo y es imposible electrocutarse”.

El invento le ha permitido hacerse de unos pesos a Moser, pero no lo ha hecho rico ni tampoco estaba entre sus pretenciones. el inventor dice: “Conozco a un hombre que instaló las botellas y en un mes había ahorrado lo suficiente como para comprar bienes básicos para su hijo recién nacido”.

Lo más interesante de este invento simple es que la Fundación “MyShelter”, en Filipinas, ha usado esta idea en construcciones alternativas, usando materiales como papel, llantas de automóviles y bambú. En ese país el 25% de la población vive en pobreza extrema y la electricidad es un bien inasequible. Por ello, este sistema ha sido una interesante alternativa en donde ya más de 140,000 hogares ya la usan. Dice el director ejecutivo de MyShelter, Illac Angelo Díaz, que estas botellas-focos, ya están en unos 15 países, entre ellos, India, Fuji, Bangladesh, Tanzania, etcétera.

El inventor concluye: “Nunca me imaginé que mi invento tendría semejante impacto. Se me pone la piel de gallina de pensarlo”.

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