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Científicos de la Universidad de Tokio han desarrollado un sistema de nanosensores que se adapta a la forma de los dedos que permite localizar tumores al medir los cambios y la distribución de la presión. Un avance que permitiría realizar detecciones como la del cáncer de mama.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el cáncer más frecuente entre las mujeres es el de mama,con  alrededor de 1,7 millones de mujeres afectadas en todo el mundo. Representa 16% de todos los cánceres femeninos y se detectan 1.38 millones de casos nuevos al año.

Hasta ahora, los médicos realizan el diagnóstico por mamografía o una ecografía y se confirmó con muestras de tejido. Sin embargo, estos métodos han sido objeto de críticas recurrente debido a la exposición a la radiación, resultados erróneos, y el hecho de que implican una intervención invasiva.

“Los nuevos sensores pueden monitorizar tumores de una forma más fácil, menos dolorosa y sin necesidad de exponerse a la radiación”, dijo Takao Someyo, responsable de la investigación.

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El sensor de tan solo 8 micrómetros de grosor mantiene la precisión en las mediciones incluso cuando rodean un conducto de un radio de sólo 80 micrómetros, la mitad de la anchura de un cabello humano, logrando medir la presión en 144 puntos de un objeto de forma simultánea, refieren los investigadores.

Los elementos principales del dispositivo son transistores orgánicos y conmutadores electrónicos realizados en materiales basados en el carbono y el oxígeno, mientras que el sensor de presión en sí es una estructura de nanofibra. Esta fibra incorpora un polímero elástico al que se añadieron nanotubos de carbono y grafeno. El tejido de 300 a 700 nanometros de diámetro se fue uniendo y tejiendo como una red dando lugar a una malla transparente y porosa muy ligera y delgada.

“El sensor tiene un enorme potencial en el campo de los dispositivos wearables, ya que es el primero que puede medir la presión sobre objetos reales que tiendan a deformarse. Parte de la evaluación fue llevada a cabo con un vaso sanguíneo artificial sobre el que se pudieron detectar sutiles cambios en la presión”, agrego.

Ahora los científicos esperan demostrar aplicaciones en otros campos, como por ejemplo medir las diferencias entre los tejidos, como hacen los médicos en determinados exámenes táctiles. En el deporte, donde se podría aplicar para medir la fuerza con la que agarramos una raqueta de tenis o un palo de golf.

Referencia: Eurekalert, Nature

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