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Científicos del MIT, la Universidad de Sheffield, y el Instituto de Tecnología de Tokio han combinado su experiencia para crear un mini-robot dentro de una cápsulas ingerible que se despliega y trabaja como un instrumento quirúrgico controlado mediante campos magnéticos.

“Para las aplicaciones dentro del cuerpo, necesitamos un sistema pequeño y controlable, sin ataduras. Es realmente emocionante ver a nuestros pequeños robots origami hacer algo con potenciales beneficios para el cuidado de la salud”, dijo Daniela Rus, responsable de la investigación.

El robot está fabricado a partir de intestino seco de cerdo (con el que envuelven las salchichas) y la capa para hacer que se contraiga está hecha de un material plástico biodegradable llamado Biolefin. También integra un pequeño imán para que pueda ser dirigido por campos magnéticos externos, aunque refieren lo desarrolladores que planean rediseñar el robot con sensores para que se maneje de forma independiente.

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Para impulsarse el robot lo hace mediante un movimiento de “stick-slip”, en la que sus apéndices se adhieren a una superficie a través de la fricción cuando se ejecuta un movimiento, pero se deslizan libres de nuevo cuando su cuerpo se flexiona para cambiar la distribución de peso.

“El stick-slip sólo funciona cuando el robot es lo suficientemente pequeño y cuando es lo suficientemente rígido”, dijo Steven Guitron, estudiante de posgrado en ingeniería mecánica. Para compensar la maleabilidad relativa del material biocompatible, los investigadores tuvieron que llegar a un diseño que requiriera un menor número de ranuras. Al mismo tiempo, los pliegues del robot aumentan de rigidez a lo largo de ciertos ejes.

En las pruebas, el equipo mostró que con la tecnología se pueden hacer intervenciones médicas a escala diminuta, eliminar objetos o daños en el organismo o transportar medicamentos que deban llegar a un área de difícil acceso, usando como ejemplo, la destrucción de una batería de reloj (tipo botón), que en Estados Unidos son ingeridas de manera masiva cada año.

Hasta ahora, los científicos del MIT desconocen cuándo podría estar listo para ser usado en humanos, pero esperan poder comenzar pruebas en animales.

Referencia: MIT

 

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