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Investigadores de la Universidad de Bath, la Universidad Queen Mary de Londres y el Laboratorio de Robótica de Bristol, han logrado desarrollar una batería que utiliza bacterias para trasformar la orina en electricidad.

Los suministros de combustibles fósiles del mundo se están agotando. Además, debido al factor contaminante, cada día hay más presión para desarrollar nuevas fuentes de energía. La bioenergía es una solución y las baterías microbianas la pueden producir.

La orina, junto otros desechos orgánicos humanos, se ha usado con diversos propósitos a lo largo de la historia. No es sorprendente, considerando que un ser humano produce en promedio entre 800 y 2.000 mililitros de orina por día. Si se los multiplica por la población total del globo, el resultado son 1.4 trillones de litros de orina por día que la mayoría de las veces termina en el desagüe.

Esta inmensa cantidad de desecho requiere un manejo adecuado, lo cual es costoso y consume mucha energía. “El tratamiento de los desechos representa una gran parte de la demanda diaria de energía. Queremos utilizar los desechos como fuente de energía en lugar de someterlos a un tratamiento que requiere energía”, dijo la doctora Mirella Di Lorenzo, de la Universidad de Bath.

Las baterías microbianas tienen un potencial real para producir bioenergía renovable de desechos como la orina. Sin embargo, uno de los problemas de las baterías microbianas es que pueden resultar muy caras de manufacturar.

Los electrodos son usualmente hechos de materiales rentables pero el cátodo suele contener platino, un elemento muy costoso para acelerar las reacciones que generan la electricidad. Además, este tipo de baterías produce mucho menos energía que los otros métodos de producción bioenergética.

El nuevo diseño de batería microbiana no utiliza materiales costosos para el cátodo por ejemplo se usa una tela de carbono y alambre de titanio, para acelerar la reacción y crear más potencia, usan un catalizador hecho de glucosa y ovoalbúmina, una proteína que se encuentra en la clara del huevo.

“Hemos podido multiplicar la cantidad de electricidad generada con sólo reorganizar la posición de las baterías de energía microbiana y cambiar el diseño”, agrego.

Convertir la orina en electricidad implica obtener energía de las bacterias. Al quitar oxígeno del medio ambiente, las bacterias descomponen la orina y generan electrones en lugar de dióxido de carbono y agua.

Sin duda un gran avance en el campo energético que aunque no es probable que la orina genere tanta energía como el sol o el viento, si es un producto de desecho que siempre existirá con lo que se pueden lograr diversas aplicaciones prácticas funcionando como un buen complemento.

Referencia: BBC, ID

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