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La exploración espacial es una de las actividades más satisfactorias en muchos sentidos. Todos los días los científicos encuentran asombrosos datos, eventos inesperados, situaciones imposibles de predecir, que hacen ver a un universo fantástico en donde la imaginación de los seres humanos siempre parece quedarse corta.

Las sondas espaciales han sido el recurso de los seres humanos para tratar de llegar más lejos en el firmamento, explorando los planetas del sistema solar, que aunque son los que nos quedan más cerca, de todas maneras están a miles de millones de kilómetros de nuestra Tierra y que, al llegar a su destino, develan los secretos que se esconden a tanta distancia.

Pero hay opciones para la investigación espacial y el telescopio Hubble es una de ellas. Flotando en el espacio y lejos de la contaminación por luz que padecen muchos observatorios en nuestro planeta, el Hubble ha encontrado que en Urano hay auroras, muy parecidas a las que se ven en la Tierra y en otros planetas.

Por ejemplo, las auroras en Júpiter y Saturno están relativamente bien estudiadas pero no se sabía -hasta antes de este descubrimiento del Hubble- que el congelado planeta Urano tuviese auroras también.

En el 2011 el Hubble fue el primer telescopio en captar las auroras en Urano. En el 2012 y 2014, un equipo liderado por un astrónomo del Observatorio de París, echó un segundo vistazo a las auroras en Urano usando las capacidades ultravioletas del STIS (Space Telescope Imaging Spectrograph), instalado en el Hubble.

Los investigadores dieron seguimiento a dos choques interplanetarios causados por dos grandes masas de viento solar que viajaron desde el Sol hasta Urano, y encontraron los investigadores, para su asombro, que estaban viendo unas de las auroras más intensas en ese planeta de que se tenga noticia. Con el tiempo y muchas más observaciones, se llegó a una evidencia directa de que estas regiones rotan con el planeta.

También se han redescubierto los polos magnéticos perdidos de Urano,quienes fueron detectados por vez primera en 1986 por el Voyager 2, pero que debido a muchas incertidumbres en la información de los aparatos y la falta de más información sobre la orografía de Urano, se consideraron que podían simplemente no existir.

Referencia: Phys.org 

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