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Un meteorito encontrado en Nullarbor Plain, en el sur de Australia, el cual fue descubierto este año durante la expedición anual de recuperación de meteoritos, que se realiza por investigadores de la Universidad Monash, han hallado una nueva forma de entender la vida en Marte, pues de alguna manera algunos de esos meteoritos podrían haber atrapado la evidencia de vida en el planeta rojo.

Los hallazgos, publicados en Frontiers of Microbiology, son parte de un proyecto de investigación más amplio, el cual usa biomarcadores en meteoritos como un medio para descubrir y detectar vida a través del sistema solar.

El equipo de investigación pudo mostrar que la composición química de las rocas tiene influencia sobre cómo las comunidades microbianas se desarrollan. Esto se hizo estudiando las bacterias que se encuentran en dichos meteoritos, recolectados en Nullarbor Plain.

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“Este es un hallazgo original y es importante porque muestra que los microorganismos pueden interactuar con los materiales espaciales de una forma que parece ser vital a su metabolismo”, dice el líder del artículo, el Dr. Alastair Tait, que trabaja en la Escuela de la Tierra, Atmósfera y Entorno, de la Universidad de Monash.

De acuerdo con el Dr. Tait, la mayoría de los trabajos que se hacen para estudiar a los meteoritos caen en dos áreas de investigación: 1. Panspermia, la idea de que la vida se encuentra dentro de los meteoritos que surgieron de una explosión gigantesca de planetas fértiles, los cuales viajaron a través del espacio y cayeron en un planeta muerto que eventualmente colonizaron y 2. Despensa pre-biótica, que es una manera de enviar todos los elementos correctos para iniciar la interacción y el origen de la vida.

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“Nuestra teoría añade una tercera opción, la cual es la interacción entre los materiales espaciales y la biósfera existente”, indica el Dr. Tait, y agrega, “este es un nuevo campo el cual nadie había investigado antes”, dijo.

Referencias:

Alastair W. Tait et al. Microbial Populations of Stony Meteorites: Substrate Controls on First Colonizers, Frontiers in Microbiology (2017). (DOI: 10.3389/fmicb.2017.01227)
Phys.org 

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