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En una prueba doble-ciega hecha con violinistas profesionales, la mayoría no pudo determinar -simplemente por el sonido- cuál era un Stradivarius o un violín moderno. En el mundo de la música y en particular en el de los violines, los nombres de Stradivarius y Guarneri son sagrados. Por tres siglos los fabricantes de violines y científicos han estudiados estos instrumentos italianos buscando el secreto de su sonido. Nadie ha podido hallar qué hace que el sonido de los Stradivarius sea diferente al de otros violines. Sin embargo, un estudio actual parece sugerir que no son tan diferentes como se pensaba.

En este sitio hay dos pruebas de audio. En una se toca un fragmento con un violín Stradivarius y el mismo fragmento con un violín moderno. Ambos fragmentos son tocados por el mismo violinista. ¿Puede usted reconocer cuál es el violín famoso?

Quizás nuestro oído no entrenado no pueda darnos una respuesta satisfactoria, pero seguro un violinista profesional bien notará la diferencia ¿verdad?

Un grupo de científicos intentó descubrir esto. Tomó a un grupo de violinistas profesionales y los puso en un cuarto de hotel en Indianapolis. Había seis violines: dos Stradivarius, un Guarneri y tres instrumentos modernos. Todos usaban googles oscurecidos para que no supieran qué violín tocaban o escuchaban (por eso es una prueba doble ciega).

Los investigadores entonces les dijeron que tenían algunos violines muy finos, entre ellos un Stradivarius (*). Toquenlos y entonces juzguen su sonido.

Joseph Curtin, un fabricante de violines de Michigan fue uno de los investigadores. “No hubo evidencia de que pudiesen saber qué instrumento tocaban“, dijo y agregó “y eso realmente me sorprendió“.

Curtin dice que de los 17 violinistas a quienes se les preguntó qué violín había sido el Stradivarius, “siete dijeron no poder hacerlo; siete se equivocaron y sólo tres acertaron“.

Claudia Fritz fue quien diseñó el experimento. Ella es física especialista en acústica del Centro Nacional de Francia para la Investigación Científica, además de ser flautista. Ella dice que la prueba fue más rigurosa que las anteriores porque fue doble ciega: “Nadie sabía qué instrumento era cual hasta el final de la prueba. Esto quita el sesgo que podría ocurrir cuando se le pide a un violinista que toque un instrumento de casi 300 años de existencia, el cual buscaría quizás tocar como Fritz Kreisler o Heryk Szeryng. Además, los sujetos del experimento eran violinistas profesionales, no gente común y corriente en este sentido“.

Fritz dice que algunos de los violinistas le dijeron que estaban seguros de qué violines eran los modernos y cuales los antiguos italianos. “Éste parece ser muy nuevo para mí“, dijo uno de los músicos; Era un Stradivarius; “Ah, amo el sonido de éste. Suena como el viejo italiano, ah, es tan cálido“… Y se trataba de un violín moderno.

Cuando Fritz les preguntó a los violinistas cuál de esos instrumentos les gustaría llevarse a casa, casi dos terceras partes señalaron un violín que resultó de los modernos. Lo que quizás es un hecho incontrovertible es que solamente en términos estadísticos el violín Stradivarius fue el menos favorecido mientras que los instrumentos modernos fueron más favorecidos.

Con estos datos, ¿qué hay de todos estos años de estudio sobre los viejos violines? ¿su diseño, la madera, el barniz, incluso el pegamento? Si nadie puede notar la diferencia, ¿para qué estudiamos eso? Quizás haya que enfocarse no en la madera y sí más en las personas.

La gente ve el violín y trata de entender cómo es que vibra, qué mecanismos hay detrás de esto, pero nadie ha visto el lado humano de este asunto“. Fritz dice que su investigación busca determinar cómo es que la gente elige y qué criterios usa.

Curtin, por otra parte, ha tratado de capturar por muchos años la calidad de los viejos instrumentos, pero no se desanima por los resultados: “si los nuevos violines son mejores, no quiere decir que los viejos sean peores. La pregunta es ¿Puede ser el sonido de un violín moderno tan bueno como el de un antiguo?“.

Los violines antiguos italianos suenan muy bien, sin duda, pero no necesariamente mejor o incluso muy diferentes de los nuevos. Aparentemente es algo que está en la mente, el oído del escucha. Dale Purves, un profesor de neurociencias de la Universidad de Duke dice que la investigación “muestra que las cosas que la gente piensa que son ‘especiales’ no lo son, después de que se le quita el conocimiento de su origen“.

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(*) Cabe decir que hay pocos Stradivarius en el mundo. Los violinistas que pueden hacerse de un violín de estos tienen que desembolsar alrededor de un millón de dólares por uno de estos instrumentos, es decir, se la pasan buena parte de la vida pagando el violín. En la exUnión Soviética, en donde había un apoyo enorme a la música clásica, el país tenía un número determinado de violines Stradivarius, los cuales daba en calidad de préstamo a sus mejores ejecutantes.

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