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La inteligencia artificial ha intentado por muchos años emular las hazañas mentales de los seres humanos. Por ejemplo, han atacado juegos como el ajedrez o el Go para tratar de lograr programas que jueguen tan bien como lo hacemos nosotros. Desde luego que esto ha obligado a desarrollar un número de técnicas que ayudan a los programas a resolver estos retos, pero que en esencia, no nos han servido a los seres humanos a jugar mejor que nuestras propias máquinas.

En otros casos, hemos usado la IA para intentar hacer análisis médico para diagnóstico de enfermedades, como en Mycin, o el buscar yacimientos de millones de dólares, como en Prospector. En estos casos hemos echado mano a la tecnología de los sistemas expertos, la cual se basa en contener una gran base de información, estructurada de alguna manera en particular, para que entonces el sistema -en la medida que la base de datos es más grande- pueda llegar a más conclusiones correctas.

Pero los programas inteligentes parecen adolecer de algo y esto parece que tiene que ver con la manera que hemos enfocado los problemas de la inteligencia humana. ¿Qué nos hace inteligentes? ¿el poder recordar muchos datos? Pues no. Parece ser que parte importante de la inteligencia es la capacidad del cerebro a buscar olvidar activamente la memoria de forma continua. Uno pensaría que eso contradice nuestra capacidad de aprendizaje pero no, bien podría tratarse de un mecanismo neuronal para evitar recordar cosas que no tienen sentido, que a la larga (o a la corta) no son importantes. Esto es la conclusión de un estudio de científicos de EMBL y la Universidad Pablo Olavide en Sevilla, España, el cual se publicó en la revista Nature Communications.

“Esta es la primera vez que se liga un trabajo de lo que pasa en el cerebro con el hecho de olvidar activamente las memorias”, dice Cornelius Gross, quien es el líder del trabajo en cuestión en EMBL. Al nivel más simple, el aprendizaje involucra en crear asociaciones y recordarlas. En trabajos con ratones, Gross y sus colegas estudiaron el hipocampo, una región del cerebro que se sabe, desde hace mucho, que ayuda a crear la memoria. La información entra esta parte del cerebro a través de tres posibles rutas. En la medida que la memoria se cimenta, las conexiones entre neuronas a lo largo de la ruta principal se hacen más fuertes.

Cuando los investigadores bloquearon la ruta principal, hallaron que los ratones no fueron capaces de aprender a través de la respuesta pavloviana, la cual conocemos todos desde el famoso experimento de Pavlov. Pero si los ratones habían aprendido la asociación antes de que los científicos detuvieran el flujo de información en la ruta principal, los animales podrían todavía considerarlo llamando a su memoria. Esto confirmó que esta ruta involucra el formar memorias, pero no es esencial para poder hacer uso de las mismas. Esta última probablemente involucra la segunda ruta hacia el hipocampo, pero el bloquear la ruta principal tuvo una consecuencia inesperada: la conexión a lo largo de ésta se debilitó, indicando que la memoria se estaría borrando.

“Simplemente bloquear esta trayectoria no debería tener efectos en su fuerza”, dice Agnés Gruart, de la Universidad Pablo Olavide. “Cuando seguimos investigando al respecto, descubrimos que la actividad de una de las otras trayectorias se estaba debilitando”. Un detalle interesante es que esto parece sólo ocurrir en el acto de olvidar en situaciones de aprendizaje. Cuando los científicos bloquearon la ruta principal en el hipocampo bajo otras circunstancias, la fuerza de la conexión se mantuvo inalterada.

Las explicaciones para este fenómeno ya empiezan a surgir. Una de ellas indica que “debido al limitado espacio en el cerebro, cuando una aprende algo, tiene que debilitar algunas conexiones para hacer espacio a otras”, dice Gross. “Para aprender nuevas cosas tienes que olvidar lo que habías aprendido antes”, lo cual suena como un contrasentido pero en el fondo tiene mucha lógica.

Estos hallazgos se hicieron con ratones modificados genéticamente, pero con la ayuda del laboratorio Maja Köhn en EMBL, los científicos demostraron que es posible producir una droga que activa esta ruta del olvido en el cerebro sin necesidad de hacer ingeniería genética. Este enfoque, indican, podría ser de interés para explorar las razones por las cuales la gente olvida experiencias traumáticas.

Quizás el gran secreto de la inteligencia sea ése, el poder olvidar, selectivamente o a través de un mecanismo muy específico, pero olvidar y no caer en el personaje de Borges, “Funes el memorioso”, un hombre que no olvidaba nunca nada.

Referencias:

Scientists discover brain structures associated with learning 
Madroñal et al. Nature Communications, 18 March 2016. 
Medical Xpress 

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