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En 1996 Kasparov, probablemente el mejor jugador de todos los tiempos, jugó un encuentro a seis partidas contra Deep Blue, la máquina de ajedrez de IBM. Kasparov ganó ese encuentro, pero al año siguiente, un equipo reforzado de grandes maestros, asesorando a los ingenieros de Deep Blue, venció a Kasparov en el match de revancha. De hecho, curiosamente la última partida de dicho encuentro fue extraña: Kasparov entró en una variante donde Deeep Blue sacrificó una pieza por el ataque, una jugada que se conocía desde hacía más de 100 años. La máquina triunfaría en menos de 20 jugadas, otro récord, pues la cantidad de partidas que Kasparov perdió en 20 o menos jugadas, en toda su carrera, son contadas con los dedos. Más curioso aún es que el gran maestro peruano Granda venciera en la misma posición del sacrificio, hace apenas un par de años, mostrando que quizás el “ogro de Bakú”, cometió un grave error y el sacrificio de la máquina al final de cuentas fuese equivocado.

Pero dos décadas después, las computadoras han mejorado notablemente y en lo que se refiere al ajedrez, ya son en la práctica invencibles, aunque eso no quiere decir que el juego esté resuelto. Hans Berliner, excampeón mundial de ajedrez por correspondencia y “padre” del programa Hi-Tech, que en los años ochenta fue uno de los mejores en el mundo, ha indicado que él piensa que el ajedrez se resolverá para el año 2030, es decir, estamos a la vuelta de la esquina. Mi opinión es que Berliner es demasiado optimista.

Curiosamente, en otro juego milenario, el Go, las computadoras han avanzado mucho más lentamente y se habría esperado que ese juego oriental fuese imposible de ser atacado por las computadoras como lo ha sido el ajedrez. Sin embargo, una computadora usó un programa -llamado AlphaGo- desarrollado por DeepMind, una empresa de Inteligencia Artificial de Londres, comprada por Google en el 2014 por unos 400 millones de dólares, podría cambiar la concepción que se tiene sobre el resolver este juego tan difícil como es el Go.

AlphaGo venció al campeón europeo de Go, Fan Hui, ganándole 5-0, de acuerdo a un reporte de la revista Nature. Esto es un gran logro considerando que los anteriores esfuerzos para hacer un programa ganador de Go habían sido bastante decepcionantes. Los jugadores de Go juegan alternadamente poniendo piedras blancas y negra en las intersecciones de un tablero de 19×19 cuadros. La idea es terminar con más territorio que el rival. El tamaño del tablero y la complejidad de las jugada  potenciales hacen que el juego sea imposible de jugar por fuerza bruta, como han logrado con el ajedrez. Demis Hassabis, fundador de DeepMind y uno de los autores del artículo técnico respecto a sus logros en el Go, indica que en este juego hay unas 200 jugadas legales, comparadas con las 20 o 30 que el ajedrez tiene en cada turno.

A diferencia de Deep Blue, que se programó directamente por seres humanos, AlphaGo usa Inteligencia Artificial para enseñarse a sí misma cómo jugar Go y tomar así sus propias decisiones. Esto se hizo usando una técnica llamada aprendizaje profundo, que permite a las máquinas darse cuenta por sí mismas del cómo hacer las cosas como por ejemplo, responder a las preguntas de alguien, reconocer rostros e incluso, traducir entre idiomas.

AlphaGo trabaja en dos partes: cuando le toca a la computadora jugar, el programa primero sugiere las jugadas basadas en toda clase de tácticas generales que los jugadores humanos han usado en el pasado, parecido a lo que hacía Deep Blue. Entonces, la segunda parte del sistema analiza si alguna de esas jugadas tiene una aspecto ganador, basado en patrones que ha memorizado la máquina a partir de millones de partidas jugadas anteriormente y alimentadas a la red neuronal profunda.

La última prueba de Alpha Go vendrá en este mes de marzo. DeepMind persuadió a Lee Sedol, un jugador de Go coreano, que es el equivalente a Kasparov en sus mejores días, para que juegue una serie de partidas de Go en Seúl, Corea. Si AlphaGo gana, entonces habrá que reconocer que los problemas más complejos que en donde la mente humana parecía imposible de superar, ya lo es, concediendo así un triunfo más de la máquina sobre los seres humanos.

Referencias:

The Economist 
The New Scientist 

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