La semana pasada se llevó a cabo en México la Expo Campañas Electorales, donde se discutió abiertamente la utilización del voto electrónico en la situación actual del país con miras a las elecciones presidenciales de 2012. Esta forma de voto ha sido blanco de los debates públicos en países democráticos desde hace más de 100 años. Es por ello que aún no ha sido posible implementarlo de manera masiva en los comicios en América Latina y sólo se han hecho algunas pruebas controladas en la región en países como Argentina, Costa Rica, Panamá y México, entre otros.

Por otra parte, los avances tecnológicos observados han puesto en evidencia, hoy más que nunca, las bondades y peligros de este tipo de votación, el cual aún no logra alcanzar el consenso que lo lleve a la práctica generalizada de los ejercicios políticos.

Primero, me parece conveniente incluir la definición de voto electrónico de Julio Téllez Valdés1:

El voto electrónico en sentido amplio, es todo mecanismo de elección en el que se utilicen los medios electrónicos, o cualquier tecnología, en las distintas etapas del proceso electoral, teniendo como presupuesto básico que el acto efectivo de votar se realice mediante cualquier instrumento electrónico de captación del sufragio.

En sentido estricto, el voto electrónico es el acto preciso en el cual el emitente del voto deposita o expresa su voluntad a través de medios electrónicos (urnas electrónicas) o cualquier otra tecnología de recepción del sufragio.

Existen razones de peso tanto a favor como en contra de este método de votación, y aún más, en países donde constantemente se tienen dudas sobre los resultados de las elecciones. Si bien es cierto, que las elecciones más cerradas presentan una falta mayor de credibilidad en los resultados, la forma tradicional de contar voto por voto surge como la solución al conflicto.

Este dilema tiene fundamento en que los detractores opinan que:

“Esta tecnología no garantiza los principios básicos del sufragio como que sea libre y secreto, además de que no es auditable por todos los ciudadanos y reduciría el número de electores por la brecha digital que existe”2; en contraparte, existen voces que apoyan este sistema de votación al afirmar que “esta tecnología ofrece la posibilidad de que ningún voto sea alterado, que no se eliminen votos válidos o se sumen aquellos que sean inválidos; verifica y audita los resultados por múltiples vías, garantizando nulas inconsistencias numéricas. Además, los votos son almacenados de manera aleatoria, protegiendo el secreto del voto”3.

Además, en países de elevado analfabetismo tecnológico, es decir, una gran proporción de personas con bajo nivel en habilidades digitales, ahuyentará a estos ciudadanos de las urnas por temor a utilizar el voto electrónico.

Sin embargo, es posible vislumbrar un futuro donde la tecnología sea democrática en el acceso a la vida política, tanto en la construcción de ideas y propuestas por medio de las redes sociales como en la emisión del voto libre, secreto y directo electrónicamente, pero ¿cuándo será ese día?

Con información de: 1Tribunal Electoral, 2No al Voto Electrónico y 3Smartmatic

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