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Valiéndose de fibras de una proteína de un tipo de telaraña obtenidas por ingeniería genética, científicos del Instituto de Física y Tecnología de Moscú (MIPT) en Rusia han logrado desarrollar un sustrato perfecto para cultivar células de tejido cardíaco.

El cultivo de órganos y tejidos a partir de las células de un paciente se halla en la vanguardia de la investigación médica; los métodos regenerativos pueden resolver el problema de los rechazos de trasplantes. Sin embargo, es todo un reto encontrar un substrato o andamio capaz de facilitar debidamente la proliferación y organización de células en él. El material debería ser elástico y sin toxicidad, y no ser rechazado por el cuerpo ni impedir el crecimiento de las células.

El equipo de Konstantin Agladze, del MIPT, trabaja en ingeniería de tejido cardíaco. El grupo ha estado cultivando tejidos cardiacos completamente funcionales, capaces de contraerse y transmitir las señales apropiadas, a partir de células llamadas cardiomiocitos.

Anteriormente, el grupo utilizó nanofibras poliméricas sintéticas, pero hace poco decidieron ensayar otro material, fibras de una proteína común de las telarañas. Los hilos de las telarañas son increíblemente ligeros y duraderos. Son cinco veces más fuertes que el acero, dos veces más elásticos que el nilón, y son capaces de estirarse un tercio de su longitud.

Se pueden usar matrices o andamios hechos de fibras de esta clase como substrato para hacer crecer implantes tales como huesos, tendones y cartílagos. Sin embargo, el equipo de Agladze decidió averiguar si un substrato hecho de esa proteína obtenida de células de levadura modificadas genéticamente podía servir para hacer crecer células cardiacas.

Para este objetivo, colocaron cardiomiocitos aislados de ratas recién nacidas en matrices hechas de esas fibras. Durante el experimento, los investigadores monitorizaron el crecimiento de las células y comprobaron su capacidad de contracción y de conducir impulsos eléctricos, que son las propiedades principales del tejido cardiaco normal.

Se constató que en un periodo de entre tres y cinco días, se formó una capa de células sobre el substrato que podía contraerse de forma sincronizada y conducir impulsos eléctricos exactamente como lo haría el tejido de un corazón vivo.

Referencia: MIPT

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