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Hace varios meses les informamos sobre el éxito de la conexión cerebro-cerebro. Continuando la investigación, los científicos de la Universidad de Washington han logrado transmitir las señales desde el cerebro de una persona a través de Internet y hacer uso de estas señales para controlar los movimientos de la mano de otra persona en tiempo real.

Para lograr interconectar cerebros a tiempo real y a distancia, el equipo de investigación combinó dos tipos de instrumentos no invasivos y un afinado software.

El proceso es bastante sencillo, informan los investigadores un comunicado. Uno de los participantes es conectado a una máquina de electroencefalografía que captura su actividad cerebral que envía los impulsos eléctricos de esta registrados a través de Internet, hasta el segundo participante.

Esta otra persona lleva un gorro con una bobina de estimulación magnética transcraneal colocada cerca de la parte del cerebro que controla los movimientos de la mano. Esta configuración permite que el primer individuo envíe la orden de mover una mano a la otra, con solo pensar que está haciendo el movimiento de su propia mano.

El estudio involucró a tres parejas de participantes. Cada miembro de cada pareja hizo las veces de emisor y de receptor, respectivamente. Ambos fueron ubicados en edificios separados dentro del campus de la Universidad, de tal manera que no pudieran interactuar entre ellos, más allá de la interacción entre sus cerebros.

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Los remitentes fueron colocados frente a un juego de computadora en el que debían defender una ciudad disparando un cañón e interceptando misiles lanzados por un barco pirata. Pero no podían interactuar físicamente con el juego, sino solo pensando en mover su mano para disparar un cañón.

Al otro lado del campus, los receptores se sentaron con su dispositivo colocado en la cabeza, en el interior de un cuarto oscuro. Estos no podían ver el juego. Su mano derecha fue colocada sobre un panel táctil con el que se podía disparar el cañón de dicho juego.

Los investigadores constataron en sus experimentos que la precisión varió entre las parejas, entre un 25 y un 83%. Los fallos se debieron en su mayoría a la incapacidad de algunos participantes de ejecutar con precisión el pensamiento de orden de “fuego”. Los investigadores pudieron cuantificar asimismo la cantidad exacta de información transferida entre los cerebros.

Una vez alcanzados estos logros, el equipo de la Universidad de Washington planea llevar su investigación un paso más lejos, para intentar decodificar y transmitir procesos cerebrales más complejos.

En concreto, tratará de ampliar el tipo de información que se puede transferir de un cerebro a otro, e incluir fenómenos visuales y psicológicos como conceptos, pensamientos o reglas.

También están explorando cómo influir en ondas cerebrales que se corresponden con ciertos estados como la alerta o la somnolencia. Con el tiempo, por ejemplo, el cerebro de un piloto de avión con sueño podría llegar a ser estimulado por el cerebro de un copiloto, para que permanzca más en alerta.

El proyecto también podría eventualmente conducir a la “tutoría cerebral”, en la que el conocimiento se transfiere directamente del cerebro de un profesor a un alumno.

Referencia: PLoS ONE

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