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En mi opinión, la idea de mandar una nave a investigar un cometa es una de las misiones más emocionantes que pudieron darse en la aventura de la exploración espacial. Rosetta fue lanzada hace unos años para investigar el cometa 67P /Churyumov–Gerasimenko. Cuando la nave se acercó lo suficiente a dicho astro, mandó una pequeña sonda, llamada Philae, que aterrizaría en la superficie del 67P y empezaría a mandar información sobre el terreno. Pero algo salió mal y Philae tuvo un errático camino hasta que pudo asentarse en la superficie del cometa. Debido a la posición en la que quedó y a factores fuera del control de la misión, la pequeña nave, del tamaño de un refrigerador-servibar, no pudo recargar sus celdas solares y entró en modo de hibernación.

Todo esto fue un poco decepcionante para el equipo de la misión, que hizo todo tipo de conjeturas para tratar de entender si Philae “regresaría a la vida” cuando el cometa se fuese acercando más al Sol, pero no pudieron obtener una respuesta contundente y sí, Philae dio muestras de “resucitar”, pero el gusto no duró más que unos cuantos minutos. Ahora los científicos de Rosetta piensan que las probabilidad de contactar a la sonda en la superficie del cometa son “cercanas a cero”.

“Las chances de contactar a Philae en el centro de control son cercanas a cero, desafortunadamente”, dice Stephen Ulamec, gerente del proyecto Philae en el centro espacial alemán, DLR. “No estamos mandando comandos a Philae ya, y sería sorprendente si recibimos alguna respuesta de la nave de nuevo”.

El silencio de Philae viene como resultado del descenso inicial a la superficie del 67P, el 12 de noviembre del 2014. Aparte de que parece haber fallado alguna turbina, los arpones para fijarse en la superficie fallaron y no se dispararon en su momento. El resultado es que Philae rebotó en el cometa e impactó unas cuatro veces en un período de unas dos horas, antes de finalmente asentarse un kilómetro más allá del sitio programado para el aterrizaje, designado por el centro de la misión.

Desafortunadamente, quedó claro que el lugar donde la nave se asentó no tenía la suficiente luz del Sol para energizarse a sí misma, y en una carrera contra el reloj, el equipo de científicos de Philae intentaron recabar todos los datos posibles antes de que la batería primaria se quedara sin energía.

Philae logró un 80% de sus actividades científicas antes de caer en una hibernación profunda, el 15 de noviembre del 2014. Sin embargo, a pesar de este evento desafortunado, los científicos de la misión esperaban que la sonda recuperara su energía en la medida que se acercaba el cometa al Sol. Philae despertó entonces el 26 de abril del 2014, pero no pudo comunicarse con Rosetta hasta el 13 de junio de ese año. Hubo entonces una serie de comunicaciones esporádicas debido probablemente a polvo en los paneles solares de la nave, que impidieron o hicieron la carga de energía un problema más complejo y  la postre, insoluble.

Philae no volvió a transmitir desde el 9 de julio del 2014. Ya el cometa pasó el perihelio, es decir, la distancia más cercana al Sol y eso hace que las posibilidades de que la sonda despierte son literalmente nulas. Aún así, la misión sigue y el centro de control está preparándose para hacer aterrizar a Rosetta en el cometa para septiembre de este año.

Referencias:

ESA 
Gizmag 

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