Las misiones no tripuladas a Marte llevan probablemente más de 30 años. Desde satélites que están en órbita en el planeta rojo hasta robots móviles que se desplazan en la superficie, descubriendo a su paso una infinidad de preguntas que los científicos se hacen desde hace mucho tiempo.

Pero si algo es cierto y que para mucha gente podría parecer inesperado, es el alto porcentaje de fracasos al llegar a Marte. Muchas naves se han estrellado y más o menos el alcance de éxito de estas misiones no sobrepasa el 50%. Es decir, de cada dos naves que se mandan, una desaparece, se estrella o simplemente no logra comunicarse a la Tierra.

Por ejemplo, la nave Schiaparelli, de la Agencia Espacial Europea, después de unos 9 meses de viaje al planeta rojo, se estrelló en el mismo. Todo parece haber fallado el último minuto del descenso, de acuerdo a los datos de telemetría. Una fotografía de alta definición, tomada por una sonda de la NASA, la MRO (Mars Reconnaissance Orbiter), mostró el final de la nave de la Agencia Europea a un par de días de su malogrado final.

Sin embargo, no todas las naves son halladas de forma tan rápida. Otra nave de la Agencia Espacial Europea, la Beagle-2, desapareció por más de una década cuando fracasó su aterrizaje en el planeta rojo en el 2003 y de la cual hasta el 2015 no se sabía nada.

Cuando estas cosas pasan, “el protocolo es básicamente ‘hallar lo más rápido que podamos’, pero qué tan rápido depende de la información que se tengan disponible”, dice Alfred McEwen, un geólogo planetario de la Universidad de Arizona y el investigador principal del HiRISE (High Resolution Imaging Science Experiment), la cámara que halló la sonda Schiaparelli.

La misión de la nave Schiaparelli de la Agencia Espacial Europea tenía como objetivo buscar una nueva estrategia para llegar a Marte e investigar la superficie y la atmósfera del planeta rojo. En el último minuto las cosas se complicaron en el aterrizaje de la nave. Los cohetes que se debían disparar faltando unos 30 segundos antes de llegar a la superficie marciana sólo se encendieron de forma intermitente y la nave entonces cayó demasiado rápido. La Agencia perdió entonces contacto segundos antes de que la nave chocara contra la superficie del planeta.

Un día más tarde, una cámara de baja resolución del orbitador MRO vio los restos de Schiaparelli. El 25 de octubre la cámara HiRISE capturó una visión mucho más cercana de los tres sitios asociados al impacto de la sonda europea: un cráter superficial hecho cuando la nave chocó contra la superficie, el escudo frontal contra el calor y el paracaídas, así como el escudo trasero contra el calor. “En este caso vemos tres cosas que esperábamos ver. Son diferentes todas ellas y están donde esperábamos que hubiesen quedado”, dice McEwen.

Con respecto al Beagle-2, la Agencia Espacial perdió contacto en el 2003 después de haber sido separado de su nave nodriza, la Mars Express. No fue hasta el 2015 cuando el Beagle-2 fue de nuevo noticia al hallarlo a unas tres millas del centro de la zona esperada para el aterrizaje. Fotos tomadas desde diferentes ángulos muestran las reflexiones de los paneles solares. “Vimos puntos brillantes que cambiaban de imagen a imagen (de la HiRISE) y esto nos llevo a la pista más fuerte de que estábamos viendo algo que no era natural”, comenta McEwen.

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Una de las razones por las cuales el Beagle-2 no fue hallado antes por el MRO es que éste no llegó al planeta hasta el 2006. Por ello no se inició la búsqueda antes. Por otra parte, en unos años las condiciones de polvo en la región donde supuestamente debería haber caído el Beagle-2 habrían hecho más difícil el reconocer la posible nave accidentada. Por ello, en las fotos parece más difícil de distinguir. En el caso de la sonda Schiaparelli se podía ver el brillante paracaídas, el cual era lo más brillante que podía observarse en el planeta, a excepción del hielo y de los polos congelados en el planeta.

La otra problemática del Beagle-2 es que en este caso la nave dejó de mandar información mucho antes de que llegara a la superficie, haciendo imposible saber dónde exactamente pudo haber caído. Pero eventualmente los restos del Beagle-2 se descubrieron. Hay que decir sin embargo que hay otras naves todavía perdidas, como la Mars Polar Lander de la NASA, extraviada desde 1999 y que entre sus tareas estaba la de transmitir cómo se escuchaba el entorno en la superficie marciana.

Evidentemente las fotos del HiRISE dan una prueba certera del final poco feliz de algunas de las naves accidentadas, pero esto puede dar información para futuras misiones y superar los problemas encontrados en estas y en otras misiones pasadas.
Referencias:

Referencia: Popular Science 

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