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tuiteros

“En el futuro, todos serán famosos mundialmente por 15 minutos”. Esas palabras las dijo Andy Warhol en los años 60, refiriéndose a que ese es el tiempo que le toca a cada persona del mundo para ser una celebridad de los medios de comunicación.

Pero el Internet ha potenciado eso a tal nivel que hoy existen verdaderas celebridades de YouTube o de Twitter, y muchas de ellas cumplen a la perfección ese concepto de “los 15 minutos de fama”. Hasta son considerados líderes de opinión con espacios de opinión en periódicos y noticiarios, conducen shows de televisión y los invitan a las alfombras rojas e inauguraciones.

Yo no estoy en ese nivel, pero hace unas semanas me gasté algunos de los 15 minutos de fama que me tocan. El día en que se declaró emergencia ambiental en la Ciudad de México (antes de que se reviviera en Hoy No Circula) tuve que ir a Polanco y, como casi siempre que voy a esa zona, decidí irme en Metro, el cual estaba brindando servicio gratuito.

El viaje desde el sur hasta el Metro Polanco, por ahí de las 17:00 horas, fue muy rápido y hasta cómodo. Llegué a mi cita, la cual duró poco, y volví a caminar nuevamente al Metro como a las 18:00. Pero en casi media hora que estuve ahí, la estación se llenaba cada vez más y sólo pasaron un par de trenes (obviamente, llenos al tope), por lo que decidí tomar un video con mi celular mostrando la situación.

Soy chilango hasta los huesos, por lo que no era la primera vez que me tocaba ver el Metro así de lleno y tampoco era la peor situación que había vivido en ese transporte; sin embargo, la coyuntura de la contingencia ambiental y la necesidad de utilizar el transporte público ameritaba el comentario.

Salí de la estación y, como no encontré opciones viables para sustituir el Metro a esa hora, decidí trabajar un rato en café (en lo que bajaba la hora pico), donde también aproveché para subir el video en mis redes sociales.

De inmediato, mis contactos empezaron a dejar comentarios a favor o en contra, y algunos empezaron a compartir el video. A la mañana siguiente, el video ya había sido publicado hasta en varios medios, y luego lo fui encontrando en diferentes perfiles de Facebook y Twitter, donde también había opiniones encontradas, pero en muchas de ellas no opinaban sobre el hecho, sino sobre mi persona, por lo que me acusaban de “burgués” (como en los 60), priista, panista o “pro Peje”, y había quienes aseguraban que nunca me había subido al Metro y que por qué había subido ese video si no tenía ninguna novedad “porque el Metro está así todos los días”.

Decidí entrarle al debate y empezar a contestarle a estos últimos usuarios conforme los encontraba. Mi argumento principal fue que el problema es que los chilangos nos acostumbramos a ver como “normal” que le Metro estuviera así. Mientras con algunos podía continuar un buen dialogo, con otros (la mayoría) era imposible hacer más comentarios, porque empezaban las mentadas y los mensajes tipo “pinche fresita, habrías de ver cómo se pone las mañana en Pantitlán”.

Durante el día, el video fue retomado por otros medios, de los cuales, sólo uno me pidió permiso para usarlo: eluniversal.com (no es que me tuvieran que pedir permiso para publicarlo, sólo que me llamó la atención que ellos sí me contactaran). Mientras tanto, especialmente por Twitter, empecé a recibir algunos ataques leves con argumentos como “se ve que este pendejo es de los que usan el coche para todo” o “ahora los pudientes están conociendo el Metro”.

¿Cómo podían saber esos tuiteros y feisbuqueros si soy rico o pobre?, ¿cómo saben si tengo o no coche?, ¿con qué argumentos se atreven a opinar sobre mí como si me conocieran cuando lo único que vieron es un video de dos minutos?, ¿cómo saben si uso o no el Metro?, ¿en las redes sociales todos son expertos en todo, a tal grado que también pueden conocer a la perfección a una persona con sólo escucharla durante poco más de 100 segundos?

Yo no hice ese video con fines periodísticos, sino únicamente para compartirlo con mis contactos; pero eso me recordó una máxima del periodismo: tú nunca dejas de ser periodista (sí, así como Superman nunca deja de ser Clark Kent… ¿o era al revés?). Así que quizá por eso tuvo ese impacto y, como en mi perfil dice que soy periodista, todos se sintieron con el derecho de darme clases de periodismo.

Otra cosa que recordé con esta experiencia es algo que le he escuchado muchas veces a Matuk: “no alimentes a los trolls”. Cuando trataba de contestar un ataque en Twitter o Facebook, lo único que recibía eran más ataques, por eso lo mejor es ignorarlos al primer insulto. El nivel de debate en México es tan bajo (basta con ver cualquier sesión de la Cámara de Diputados o una campaña electoral) que las redes sociales se convierten en un monólogo donde no hay puntos medios: todos son ricos o pobres, guapos o feos, inteligentes o estúpidos, de izquierda o derecha, ciclista o automovilista.

Estamos por entrar a la nueva era de las redes sociales, donde éstas se convertirán en los próximos medios de información que sustituirán a la televisión o los periódicos. Acabamos de ver importantes anuncios de Facebook al respecto, y también de Twitter quien, por ejemplo, firmó un convenio con la NFL para transmitir todos los partidos de jueves por la noche durante la próxima temporada. Entonces, ¿por qué todavía no las estamos aprovechando como debemos

Las redes sociales son una poderosa herramienta para que los usuarios, que tanto han atacado a los medios tradicionales, hagan cosas diferentes; sin embargo, hay muchos tuiteros y feisbuqueros que odian que otra persona piense diferente que ellos y sólo desean que prevalezca su verdad… ¡que es justo lo que odiaban de los medios tradicionales!

Necesitamos aprovechar las redes sociales para denunciar, debatir y proponer, porque atacar desde el anonimato es algo que puede hacer cualquiera y no se necesita tener mucha inteligencia para descalificar sin argumentos y mentadas de madre. Los usuarios de las redes sociales tenemos que madurar, y en México no estamos tardando demasiado.

Así de simple.

 

Imagen: PhuShutter / Shutterstock

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