Quizás mucha gente no lo sepa, pero los dispositivos que se usan en los hospitales tienen regulaciones de fabricación muy estrictas, porque tienen que ver con la salud de las personas y en muchos casos son una cuestión de vida o muerte. Imaginen un sistema de monitoreo cardiaco que dé falsas señales sobre un paciente y entonces los médicos apliquen medicinas o procedimientos que en realidad no se necesitan, los cuales -ya se imaginará el lector- puede incluso causar un daño al paciente, en lugar de ayudarlo.

Pues bien, con la llegada de los teléfonos celulares inteligentes, las apps relacionadas a temas de salud están a la orden del día. Los teléfonos móviles actuales contienen casi todos cámara de fotografías y video, lo cual puede usarse a manera de monitoreo. De hecho, estos teléfonos tienen cada vez más electrónica y ésta puede ser usada por algún programador brillante para crear toda clase de aplicaciones que tengan que ver con el monitoreo de una persona, su pulso quizás, su presión arterial, etc. Sin embargo, tenemos el problema ético de si los programadores deberían jugar el rol del doctor incluso en áreas que no se consideran fundamentales para la salud y la vida de las personas.

La Federal Drugs Administration, organismo que regula qué medicinas pueden venderse, cuáles han pasado los controles clínicos, para consumo humano, etc., en los Estados Unidos, ha publicado un borrador de criterios para revisar un subconjunto de las apps móviles que tengan que ver con la salud, aunque se han limitado a aquellas que podrían presentar algún riesgo a los pacientes si la app no funciona correctamente.

Así pues, ha especificado dos categorías para las apps móviles médicas:

  • Aquellas que se usan como un aditamento a un dispositivo médico, regulado por la propia FDA (por ejemplo, una aplicación que permite al profesional de la salud hacer un diagnóstico específico viendo una imagen médica de una foto archivada en un dispositivo de comunicación móvil).
  • Aquellas que transforma en dispositivo de comunicación móvil en un dispositivo médico regulado usando sensores u otros mecanismos que se conectan al dispositivo mencionado (por ejemplo, una aplicación que convierte un teléfono móvil en un electrocardiógrafo portátil para detectar ritmos anormales del corazón o determinar su un paciente está teniendo un ataque cardiaco).

La FDA quiere que las partes interesadas, incluyendo a los creadores de software, comenten su propuesta en los siguientes noventa días.

Dado el crecimiento de toda clase de apps “patito” que toman enfoques alternativos, así como apps médicas lanzadas sin una serie de pruebas de campo, es claro que la FDA tiene un punto en su intención de regular estas aplicaciones médicas, pues finalmente la vida de las personas puede estar en riesgo innecesariamente si las aplicaciones móviles médicas resultan erróneas, dan datos falsos o simplemente advierten de riesgos imaginarios.

Fuente: FDA

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