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Cada año surgen una serie de lenguajes de programación para todo tipo de aplicaciones. En algunos casos se modifican los lenguajes tradicionales, se les da más poder (por ejemplo, se les incorpora la programación orientada a objetos), y los vuelven cada vez más versátiles y poderosos. Tenemos lenguajes tradicionales como Java o C, que se usan extensivamente en el mundo y otros de pronto hacen su aparición y empiezan a quedarse en el gusto de los programadores. Este es el caso de Python, que en los últimos años parece empezar a consolidarse y la comunidad de programadores ha empezado a crecer notablemente.

Python es un lenguaje de programación interpretado, que soporta programación orientada a objetos y además, es imperativo. Tiene algo de programación funcional (como en Prolog) y además, se puede usar en prácticamente cualquier plataforma de cómputo moderna. Python fue creado a finales de los ochentas por Guido van Rossum en el Centro para las Matemáticas y la Informática, como un sucesor del lenguaje de programación ABC, capaz de manejar excepciones e interactuar con el sistema operativo Amoeba. El nombre del lenguaje proviene de la afición de su creador por los humoristas británicos Monty Python. Van Rossum es el principal autor de Python, y su continuo rol central en decidir la dirección de Python es reconocido, refiriéndose a él como Benevolente Dictador Vitalicio ( Benevolent Dictator for Life, BDFL).

La idea detrás de Python es que la sintaxis favorezca que el código sea legible y en muchos casos, los programas en este lenguaje se asemejan a casi a escribir en un inglés limitado. Esto hace que programar las ideas en Python sea relativamente fácil porque busca que los algoritmos se expresen como se expresan las ideas en algún sentido. Tal vez por ello, sería una buena idea darle la oportunidad al lenguaje y ver si se acomoda a nuestras necesidades.

Por otra parte, hay que reconocer que como la comunidad de programadores de Python ha crecido enormemente, ya existen un amplio número de bibliotecas de funciones para casi cualquier tarea que se nos pueda ocurrir. De hecho, debo confesar que para una serie de herramientas que quería para ayudarme con el estudio que hago en ajedrez, Python resultó una gran idea, pues hay un par de bibliotecas que resuelven la mayoría de los problemas que los programas de ajedrez tienen, empezando por ejemplo, con el despliegue del tablero de ajedrez y las piezas en la pantalla.

Microsoft considera incluir a Python como lenguaje de scripts en Excel

Y debo decir más: Python funciona de dos maneras, en un modo interactivo, como un intérprete básico y otra como un lenguaje en donde se ejecuta un programa completo. Es decir, como se interpreta, podemos tener resultados inmediatos por una parte y por otra, podemos hacer que el intérprete se ejecute y corra nuestro programa aunque éste sea muy complicado.

Y la realidad es que nunca me convencieron los lenguajes interpretados pero ahora que empiezo a usar Python, observo que gracias a la velocidad de las computadoras actuales, la degradación en tiempo por tener que interpretar las instrucciones es francamente ínfimo y por ende, lo hace un buen lenguaje de programación.

Pero si todas estas fuesen pocas sus ventajas, Python es gratuito y corre en todas las plataformas de cómputo. Esto hace posible que un programa escrito en Windows pueda correr en Mac o en Linux sin requerir prácticamente ningún cambio. Y sí, hay que tener cuidado en los detalles pero en general, el que sea multiplataforma (como Java, por ejemplo), ayuda mucho a la idea de “write once, run everywhere” (escríbase una vez, córrase en todas partes).

Así pues, así como hacemos propósitos de año nuevo como comer menos, ponernos a dieta, ir al gimnasio, etcétera, ¿por qué no hacernos a la idea de aprender un nuevo lenguaje de programación, en particular Python?

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