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sonyYo no puedo tener un iPhone aunque quisiera (aceptémoslo, está chulo el aparato), pero soy de las personas que necesita un teléfono celular de uso rudo. Hace una semana renové mi contrato con la operadora telefónica. Tenía 7,000 puntos acumulados y por fin podía cambiar de celular (ojo: por cada 100 pesos que te pases, te dan un punto, así que no saltes de alegría por tener tantos). Como mencioné antes, necesitaba un teléfono de uso rudo. Primero escogí el más nuevo en música por el cual tenía que pagar 800 pesos de diferencia. Sin embargo, sólo estaba en color azul y yo lo quería rojo. ¡Tenía que salir con un teléfono!, no hay nada peor que querer algo, que no lo tengan y que “en una semana” (2,3 ó 4) lo traigan. Pues bien, me fijé en un Sony Ericsson negro (¿el de Belanova y Juanes?, preguntó la señorita)
-¡genial!, puntos menos para comprarlo, pensé.
Debía de pagar una diferencia de 590 pesos. Opté por salir de la fila y observar qué teléfono me convenía. No quería nada fancy, tampoco algo monstruoso. Quería algo diferente, pero al final, todos consumimos lo mismo. De repente, a lo lejos, en un stand brillante: ¡Tarán! Un celular rojo, con una pantalla más grande, muy bonito, con buenas funciones…¡y muy femenino! Diferencia: 2,500 pesos —¡qué!, ¡ni siquiera es 3G!—. Mis ojos, de manera nefasteada, observaron al celular negro “de Belanova y Juanes”. De acuerdo con otra señorita, ya no debía de pagar nada, pues el nuevo rojo femenino había acaparado toda la atención económica. Ok, no pagar nada sonaba bien y más si era el celular que “usan” Belanova y Juanes.
Ha pasado una semana y estoy enamorada de mi teléfono. Tiene altavoz, radio FM, 1000 contactos, juegos como The Sims 2, puedo twittear (claro a 0.08 centavos por Kb), insertar comandos de voz (¡como en Inteligencia Artificial!), escuchar música en varios formatos, usar la calculadora, alarmas, agenda, videos, fotos a 2.0 megapixeles, tener un contador para caminar, correr y quemar calorías y lo más bonito de todo, es que incluye una mini-bocinita. Yo sé que existen teléfonos mil veces más pro que el mío, pero conforme he adquirido estos dispositivos, he descubierto que me gustan las cosas básicas y que incluso el no desear tener lo último de la tecnología en mis manos, hace que las cosas sencillas, como esta, me sorprendan.

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