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La preocupación por conservar los recursos naturales y en general el ecosistema del planeta es válida, la aplaudo y cuando puedo, contribuyo en la forma que se me presente.

Lo que resulta una gran tomada de pelo, desde mi punto de vista, son todas las opciones de las instituciones financieras para “salvar árboles”, donde te invitan constantemente a dejar de recibir el estado de cuenta en papel para hacerlo de forma electrónica. Me parece una idea increíble y un aprovechamiento óptimo de la tecnología a favor de estas causas, sin embargo, todo tiene un gran pero.

¿Me van a descontar aunque sean 10 pesitos de las altas comisiones que cobran todos los meses? ¿Por qué yo si pongo de mi parte y la institución no? ¿De qué se trata? Lo mismo me ha pasado en muchos hoteles “con el fin de ayudar a la ecología, por favor si no quiere que lavemos las toallas, déjelas colgadas, con esto nos ahorramos no sé cuantos problemas”. Correcto. ¿Y las tarifas? Bueno, lo último que me pasó en un hotel es que dentro de la regadera había un expendedor de shampoo y enjuague “por la ecología”.

Ojo, no estoy en contra de apoyar estas pequeñas acciones que, sumadas por miles seguramente sí tendrán un impacto positivo a largo plazo en la ecología en general. Lo que pone de mal humor es que el ahorro económico sólo sea de un lado. En el supermercado, ¿si llevas tu propia bolsa “verde” te descontarán unos 50 centavos del total?

Montarse en las corrientes ecológicas para beneficio sólo de la empresa sin darle nada a cambio al cliente, no se vale. ¿O sí?

Desde la Red…
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