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El libro 1984 de George Orwell hablaba de un Estado totalitario. Ahí nació el término de “big brother”, o el “gran hermano”, el cual se convirtió en un reality show donde la idea es que una serie de personas conviven las 24 horas por muchos días en una casa, mientras son vigilados 24 horas por las cámaras de TV, que muestran lo que acontece en la misma. Y el tema aquí es la vigilancia.

Tal vez este reality show tuvo éxito inicialmente por ese afán voyeurista de ver lo que hacen otros, aunque sean personas que ni conocemos. Pero como toda fórmula se desgastó. Lo que sí sigue es esta idea de vigilarnos al mejor estilo orwelliano. Me explico.

Los agentes de migración de los Estados Unidos ahora quieren que los visitantes informen cuáles son sus cuentas de las redes sociales, Facebook y Twitter, por ejemplo, para tener aún más control sobre a quién permiten dejar pasar a su país, aunque sean de turistas. Pero este plan viola la privacidad de los que viajan y podría tener además un fuerte impacto en la libertad de expresión, amén de que en términos reales no protege a nadie en Estados Unidos del terrorismo.

La agencia encargada de aduanas y la protección de las fronteras de Estados Unidos (Customs and Border Protection – CBP), junto con la oficina de la seguridad interna, han propuesto ahora recolectar los nombres de las personas en las redes sociales si deciden entrar a su país. Sin embargo, la Electronic Frontier Foundation ya se ha interpuesto a esta idea y está haciendo una coalición para oponerse a la propuesta.

CBP específicamente busca “información asociada a la presencia en línea – proveedor/plataforma – identificación en la red social, para darle a la oficina de seguridad interna “una mayor claridad y visibilidad sobre posible actividad sospechosa (por decir lo menos), o de conexiones que podrían ser de índole criminal”.

La EFF sostiene que los terroristas no van a dar sus identificaciones en las redes sociales que pudiesen revelar por ejemplo, su soporte al terrorismo. Por ello este plan parece ser poco viable e inefectivo. Es vago y viola injustamente la privacidad de los viajantes que ni la deben ni la temen.

El compartir la información de las redes sociales implica el decirle a los oficiales las preferencias políticas, las afiliaciones, los hábitos de lectura, los hábitos de compra, las preferencias sexuales y otros detalles personales.

Revelar esa información a la CBP haría que muchos viajeros inocentes se auto-censuraran, dejando entonces truncas sus actividades en línea por temor de que el gobierno de los Estados Unidos los vea como sospechosos y por ejemplo, les impida entrar a su país en la eventualidad de un viaje.

Es fácil sacar de contexto un comentario hecho en las redes sociales y considerando esta supuesta paranoia terrorista que los estadounidenses quieren infundir a todos sus ciudadanos, esto es un escenario bastante probable.

El programa se ha propuesto de forma voluntaria y para los visitantes de otros países, pero la EFF está preocupada por los siguientes pasos, en donde la CBP bien podría exigir a los ciudadanos estadounidenses y residentes, al regresar a casa, el que informaran sobre sus cuentas de las redes sociales o peor aún, que a través de dispositivos invasivos de búsqueda, se tuviese información de cada una de las personas que quiere entrar al país del Tío Sam.

Los derechos constitucionales bajo la primera y cuarta enmienda estadounidense parecen violarse. CBP ya empezó un programa de monitoreo en el 2010 y en el 2009 autorizó a los oficiales de las fronteras a revisar los dispositivos de los visitantes. Esto, desde luego, se acerca poco a poco al Estado totalitario.

Cada medida de seguridad es, en muchos casos, una restricción más a la libertad de los ciudadanos y, por ello, hay que oponerse por todos los medios posibles.

Referencias: Electronic Frontier Foundation 

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