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Actualmente, vivimos en una época que se caracteriza por tener cambios efímeros y constantes estímulos carentes de trascendencia e impacto. Con la llegada de las redes sociales y los medios de comunicación adaptándose a éstas, hemos perdido el sentido del asombro y de la curiosidad.

Es innegable que la tecnología ya forma parte de nosotros y, de alguna manera, es completamente paradójica porque la humanidad forma y crea herramientas continuamente con el fin de facilitar ciertas actividades o labores, pero a la vez estas herramientas nos forman a nosotros y así todo el tiempo.

Los avances tecnológicos son extensiones del ser humano, pero extensiones que siempre nos estarán moldeando. Si bien, todos queremos tener acceso a todo tipo de novedad, pero dejamos de lado situaciones que son aún más importantes. No nos damos cuenta, o no nos ponemos a evaluar las consecuencias de lo que realizamos día con día.

Algunas de las preguntas del millón son las siguientes: ¿Está bien que un niño posea un smartphone? y si sí ¿hasta qué medida? ¿con qué restricciones? ¿cuál sería la edad indicada?

Antes, la preocupación se limitaba a que los niños se quedaran horas frente a la televisión, mientras que hoy hay un gran desasosiego de los padres acerca del contacto que tienen los niños, incluso bebés, con dispositivos inteligentes como smartphones y tabletas.

La realidad es que no hay una respuesta absoluta o un paradigma impuesto sobre cómo debería ser el desarrollo exacto de un niño; siempre dependerá el contexto, las condiciones fisiológicas, y el perfil psicológico.

Sin embargo, la poca experiencia que he tenido con niños modernos me ha demostrado que el uso excesivo de dispositivos inteligentes no ha sido la mejor de las ideas. Y tampoco digo que sólo niños, la humanidad en general se ha visto afectada.

En primera instancia, los niños que pasan tiempo excesivo con un smartphone, han perdido el interés por jugar y realizar actividades que benefician y enriquecen al crecimiento y desarrollo personal.

Si queremos verlo por un lado no tan cursi, a nivel mental se ha comprobado que la tecnología podría acelerar el crecimiento del cerebro de los bebés, lo que generaría retrasos cognitivos, problemas de aprendizaje, aumento de la impulsividad y falta de autocontrol.

Por tal motivo, me parece que el uso de la tecnología debería verse limitado a un determinado tiempo en los niños sin alejarlos del todo. La solución tampoco es prohibir y castigar, o hacer ver a la tecnología como algo completamente ajeno o intocable, porque invariablemente es parte de nuestra evolución y selección natural.

Tampoco podemos resguardar a los niños para que no tengan ningún tipo de contacto con la tecnología. Es tan simple como buscar que los niños estén realizando diversas actividades para generar hábitos sanos y que el tiempo con la tecnología sea el menor posible.

Además de que la tecnología en los niños podría generar problemas con la obesidad por el sedentarismo llevado a cabo o alteraciones en el sueño, me sorprende cómo muchos de los niños no vinculan y no tienen un procesamiento lógico en sus razonamientos. Tampoco digo que deberían ser Foucault o Aristóteles, simple y sencillamente es preocupante que las ideas de los niños estén divagando en la nada sin algún tipo de conexión.

Son tantos los estímulos que reciben que realmente no reciben nada. Información efímera, bombardeos de imágenes, memes, videos insulsos, contenidos basura, etc. Es verdaderamente relevante porque los niños modernos han perdido mucha tolerancia a la frustración; esperan que todo sea inmediato y al instante. Hasta yo me incluyo y no me sorprende, pero sí me preocupa.

Por otra parte, pienso que el distanciarse tanto de la realidad podría traer consigo graves y grandes consecuencias. La enajenación a la tecnología podría generar que los niños sucumban ante la vulnerabilidad, lo que quizá no los deje preparados para enfrentarse al mundo real.

Finalmente, no está ni bien, ni mal que un niño tenga un smartphone incluso desde los 3 años, pero sí creo que deberíamos prestar atención al tiempo que permanecen ahí y a los sitios o plataformas que acceden. De cualquier manera la tecnología ya es nuestra realidad y no podemos hacer caso omiso de ésta; solamente hay que aprender a manejarla para evitar todo tipo de sometimiento, alienación o dominación.

Desde la Red…
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