Rio2016TVMéxico

No hagan cuentas, pero desde muy niño he visto los Juegos Olímpicos. Los primeros fueron los de Moscú 80, así que los de Río serían los décimos que sigo a través de la televisión (nunca he asistido en persona).

En ese tiempo he visto evolucionar la manera en la que la TV les da cobertura y los cambios han sido espectaculares.

En el caso de la televisión mexicana, en 1980 y 1984 no había programas cómicos ni nada por el estilo, esos llegaron después de que en el Mundial de 1986 tuvieran un éxito espectacular gracias a una entonces muy novedosa idea de José Ramón Fernández.

Así, en 1988, la todavía televisora del Gobierno (Imevisión) aplicó esa fórmula en los Juegos Olímpicos de Seúl, y para Atlanta 96 ya había sido copiada por Televisa, lo cual derivó en más de una década de competencia entre televisoras que sólo desgastó la idea original.

Eso pasaba porque la televisión era un medio lineal que le decía a las personas lo que tenían que ver, sin más opciones que cambiar al locutor y algunos personajes, pero en el fondo, los contenidos siempre fueron los mismos.

Pero en la cobertura de los Juegos Olímpicos del Río, la audiencia mexicana tuvo la oportunidad de elegir qué quería ver. Primero, pudo decidir si quería verlos o no, lo cual ya es un gran avance. No los vio quien no quiso verlos.

Quienes decidieron seguir los Olímpicos, pudieron seleccionar la plataforma, el lugar y hasta el momento para verlos. Es más, tuvieron oportunidad de comentarlos y, al estilo de las redes sociales, convertirse en experto de deportes tan exóticos para la audiencia mexicana como vela, balonmano o lanzamiento de martillo.

También la audiencia de las redes sociales decidió quién tenía cuerpo de gimnasta, se enojó con los que decían que las jugadoras de voleibol de playa eran sexis y aprendió algo de geopolítica.

Otras audiencias buscaron los mismos contenidos de siempre, esos de los sketches cómicos y las bromas con la gente de Brasil, pero que ahora eran transmitidos por canales “alternativos”, como el 11 o el 22; encontró en el Werevertumorro a su nuevo “Ponchito” y no les importaba si la transmisión del partido que estaban viendo era diferido.

A mí siempre me ha gustado más ver las pruebas que los resúmenes, así que esta fue la primera vez que pude ver lo que yo quisiera e, inclusive, las veces que yo quisiera.

Con el control remoto, tenía a mi disposición seis canales entre ESPN y Fox Sports para buscar la prueba que más me interesaba, y si no la tenían, como me pasó con el Rugby, la podía buscar en la app de Claro Sports a través del celular.

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Lo que no me agradó mucho de esta experiencia fueron los cronistas, quienes entre la mezcla de acentos, las narraciones localistas (donde América Latina empieza en la Patagonia y termina en Costa Rica), la falta de química con la audiencia (expertos como Ana Guevara pronunciando frases de cuatro palabras o monosílabos en plena transmisión) y el desconocimiento de algunas disciplinas, provocaban que la concentración se enfocara en la imagen y hacer caso omiso de sus comentarios.

En la inauguración, por ejemplo, preferí sintonizar el Canal 22 para escuchar los comentarios de Javier Solórzano y un muy bien informado Alberto Lati.

Los contenidos de los programas nocturnos “de variedades” casi no los vi en vivo, pero pude seguirlos (por mero morbo) en redes sociales.

A través de Twitter, Instagram y Facebook pude enterarme de horarios, declaraciones de los atletas, resultados y datos curiosos. Asimismo, las alertas de medios como New York Times, Reforma y El Universal que llegaban a mi celular me mantenían al día y hasta me recordaron que debía encender la TV para no perderme las competencias de Phelps o de los atletas mexicanos.

Estos Juegos Olímpicos estuvieron llenos de imágenes en redes sociales, pero también en las transmisiones, donde una cámara seguía a los nadadores encima de su carril o podíamos ver cada uno de los pasos que dio Bolt cuando ganó la prueba de los 100 metros planos.

Nunca antes se habían visto tantos detalles en las imágenes de las pruebas deportivas, ni la variedad y nitidez con que fueron transmitidas. Nunca antes se había podido comentar con tantas personas lo que estábamos viendo. Nunca antes, yo había quedado tan satisfecho con la transmisión de unos Juegos Olímpicos.

Gracias a la tecnología, estamos por vivir mejores experiencias durante la transmisión de unos Juegos Olímpicos, que junto con el futbol americano, es el evento deportivo que detona la creación de nuevos desarrollos para los medios de información.

En resumen: ver los Juegos Olímpicos de Río a través de todos los medios que estuvieron disponibles en esta edición, fue una gran experiencia. Y lo que sigue, se ve que pinta mucho mejor. Así de simple.

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