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Las cosas han cambiado bastante. Antes, en cualquier tipo de reunión (amigos, familiar, lo que sea) para poner música y ambientar la ocasión nos valíamos de discos LP (sí, esos grandes y negros), luego se usaron mucho los cassettes, que con toda la paciencia del mundo se grababan para obtener unos 90 minutos de música ininterrumpida (por cada cassette). Claro que cuando se terminaba, pasaba algo de tiempo para que alguno de los invitados “pusiera otro”… y eso si se tenía un buen “deck” conectado a amplificador, bocinas, etc.

Los cassettes tuvieron tanto impacto en la vida diaria que de ahí surgió el concepto del “Walkman“, inventado por Sony. La popularidad de estos aparatos estaba en poder llevar música a cualquier parte y escucharla con bastante buena calidad, a través de unos audífonos.

Regresando a las reuniones, pero teniendo como base la popularidad de los cassettes, poco a poco fueron perdiendo fuerza ante la llegada de los reproductores digitales, conocidos genéricamente como iPods, la verdad es que Apple no inventó el concepto, sólo lo perfeccionó y le puso una gran tienda como complemento. Esto les bastó para hacerse de la mayoría del mercado y aunque ahora siguen sacando nuevos modelos, ninguno ha sido revolucionario, siguen en la línea de todos los fabricantes de electónica de consumo: muchas versiones y modelos de aparatos que hacen básicamente lo mismo.

El asunto de escuchar el iPod a través de los audífonos pronto quedó como opción, ya que mucha, pero mucha gente ha comprado algún tipo, marca y modelo de “bocina externa”, desde las más sencillas y precarias hasta las de mayor costo y fidelidad. Así, uno de estos aparatos es el invitado frecuente a las reuniones… tal vez el anfitrión surte la música a través de su propio iPod, donde se pasó horas haciendo las famosas “listas de reproducción” (que bien podrían ser el concepto de los antiguos cassettes) o tal vez alguno de los invitados saca su iPod y ya con eso se pasa la velada … poniendo y poniendo canciones, pero, ojo, siempre de un universo limitado de opciones. Porque aunque se tengan miles de archivos en los aparatitos, no se pueden tener más en ese momento.

Pareciera que ese concepto también está quedando atrás, pues con un poco de tecnología y conectividad se puede potenciar el alcance de cualquier reproductor digital y en especial de forma más sencilla con la línea de iPods con pantalla… ¿cómo? Imagine el siguiente escenario: reunión, invitados, botanas, bebidas, cualquier tipo y clase de “bocina externa”, un iPod con conexión a Internet (básicamente el Touch) y, ¡las cosas vuelven a cambiar de forma radical!

Hace poco me pasó. Precisamente estaba en esa situación cuando la reunión comenzó a ser amenizada por Last.FM, FlyCast, ShoutCast Radio y otros servicios más de música en línea. La conectividad a Internet ofrece alcances insospechados y en este caso brinda un catálogo casi infinito de opciones para escuchar música. Las referencias de esta nota hablan de la ocasión de una reunión, pero claro, se pueden usar y aplicar en cualquier momento o situación en particular.

Así, los ingredientes (en el caso de esta mezcla) son las bocinas externas (que si son de buena calidad, servirán hasta para el baile), un reproductor con conexión a Internet por WiFi (que puede ser un iPod o un celular como el iPhone, Blackberry y otros) y un poco de información sobre los sitios que es necesario tener disponibles. Last.FM ofrece una fuente permanente de canciones de acuerdo a los parámetros que el usuario le indique. FlyCast, por ejemplo, permite sintonizar estaciones de radio tanto de Internet como tradicionales, pero en cualquier parte del mundo.

Con estas opciones he estado escuchando música en los últimos meses. Hay en particular una serie de estaciones que funcionan desde cualquier PC y se llaman “.977 Music” que ofrecen de todo, desde los éxitos del momento hasta asuntos por década. Para el radio, FlyCast funciona muy bien, aunque hay más opciones que todavía no descubro. Ahora bien, si la reunión se está poniendo un poco aburrida o simplemente el tecnológico del grupo quiere apantallar a los demás, puede usar Midomi, un servicio (que funciona en la PC y en los iPhone – iPods) a través del cual se le cantan unos segundos de la canción que sea y… el sistema hace hasta lo imposible para localizarla en la base de datos. Los resultados, a veces, son sorprendentes.

Así las cosas, el viaje desde los LP hasta los iPods conectados por WiFi se ha dado en apenas unos 20 años. ¿Qué nos depara el futuro? Tecnológicamente hablando, no lo sé, pero de lo que sí estoy seguro es que los seres humanos siempre preferiremos una reunión con amigos o familiares que quedarnos en casa a ver televisión o navegar por Internet. ¿O me equivoco?

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